jueves, 16 de marzo de 2017

En dos palabras

Si me ves por la calle con un enfermo dependiente...


- No me mires con compasión: no la quiero
- No le mires con compasión: no la necesita
- No le digas "qué bien te veo": sabe que mientes
- No le digas "qué mal te veo": no jodas...
- No me digas "buff, la que se os avecina": lo sé
- No me des consejos que no te he pedido: Sabemos lo que tenemos que hacer, y si creemos que nos puedes ayudar, ya te lo diremos
Y entonces, ¿qué puedes hacer?
Habla con nosotros si quieres hacerlo, abrázale, así sabrá que le aprecias, que te acuerdas de él, pero que no te da pena.
Danos la mano. A los familiares nos hace la misma falta saber que estás ahí para lo que nosotros necesitemos.
Si eres muy cercano y quieres saber cómo está realmente, pregunta sin rodeos. Lo que podamos responderte, te lo responderemos y lo que no, pues ya nos tomaremos un café.
¿Por qué escribo esto? Pues porque creo que era necesario.


(Mini entrada rescatada de mi muro de Facebook de hace dos años, cuando empezó todo)

miércoles, 15 de marzo de 2017

A vueltas con las evaluaciones y los estereotipos

Llevo unos días dándole vueltas a este tema, y preguntándome si le debería dar vueltas aquí, o debería seguir en mi cabeza. Más que nada porque es un tema recurrente en este blog, y me vais a decir que soy una pesada.
Pero una vez más, queridas y queridos, el blog es mío, así que seré pesada.

Desde el principio de este blog hablaba de que mi hija mayor tiene una evaluación positiva en Altas Capacidades Intelectuales; siempre pensé que era ella la única, y que me iba a librar de otro viaje en este mundo de los niños superdotados. Pero no. A mi hija pequeña le ha llegado esa misma valoración hace unas pocas semanas.
Tengo que confesar que "no lo vi". La evaluación se pidió porque quien sí lo vio fue mi hija mayor, y bueno, dado que sin lugar a dudas, ella sabe más, por intuición y afinidad, que yo de estos temas, le hicimos caso.

Es curioso que cuando un padre (bueno, voy a hablar de nuestro caso concreto, claro) pide una evaluación al equipo de orientación de un colegio, venga por donde venga el aire, por la derecha o por la izquierda, no lo hace por nada. Los padres de un niño con dificultades que se deciden a pedir una evaluación al respecto, no lo hacen para que les nombren la dificultad, ni para despertar las simpatías o la conmiseración de los otros padres en el parque. Lo hacen para que, una vez descubierta y nombrada la situación, se puedan llevar a cabo todas las actuaciones posibles encaminadas a que su hijo desarrolle su máximo potencial. Cuando quien pide la valoración es un padre que sospecha que su hijo pudiera ser superdotado, creedme, lo hace por lo mismo. De hecho, (e insisto, sigo hablando por mi) se suele tardar en hablar del tema, y se siente cierta vergüenza al decirlo en público. La conversación en nuestra cabeza, es algo así:

- Pues mi niña es superdotada
- Piis mi niñi is sipirditidi. Ñiñiñiñiñi

No sé si me explico.

Y desde luego, no pedimos una evaluación para que el equipo docente exija más a nuestros hijos. Y ahí empezamos con los estereotipos.
Porque entre nosotros, y hacia fuera, hablamos mucho y nos quejamos de los profesores que "no lo ven" y te hacen la vida imposible porque como ellos "no lo ven", es que no es y tú eres una exagerada ("Piis mi niñi is sipirditidi. Ñiñiñiñiñi"). De eso hace no mucho escribí, solidarizándome con una compañera de fatigas que quebró en una conversación con un profesor. La frustración cuando tú sólo quieres que tu hijo sea feliz y pueda acabar sus estudios de manera satisfactoria, y la cerrazón de algunos con los puñeteros estereotipos hacen que todo se vaya a la mierda.

Pero hay otro tipo de profesores que tienen también tela, y que hacen a los niños víctimas de los mismos estereotipos pero en otro sentido. En lugar de decir que los padres, el psicólogo, el orientador y todo el mundo están equivocados, tratan de hacer encajar a golpe de castigo, riña o voz, a ese niño rebelde, en el puto estereotipo. Es el profesor de matemáticas de 2º de Secundaria que le dijo a mi hija Laura que si suspendía su asignatura, con la evaluación hecha de AACC, era porque quería suspender. No importa que la niña le preguntase en qué universo conocido o por conocer, si alguien puede elegir entre un aprobado y un suspenso, elige un suspenso.
Y esta semana, ha vuelto a pasar, pero no con la mayor, que ya los tiene a todos más o menos "domados", sino con la peque. Que a alguien le costaba que la niña no encajara en el perfil. Que tiene que ser brillante, y hacerlo todo, no de 10, sino de 15, y hacer unos cuadernos que ya querría para si María Moliner.
Lo positivo del caso: una vez explicado, ha admitido que "pensaba que un niño tan capaz era así", pero ha reconsiderado la cuestión, ha entendido que precisamente estos niños "tan capaces" tienen dificultades. A veces, incluso, de comprensión.

Mi hija mayor lo llama "neurodivergencias". Si empleas caminos neuronales distintos a los de la mayoría para adquirir conocimientos, hay veces que encajar en las exigencias de un determinado sistema, cuesta mucho. Vamos a entender que tal y como están las cosas, es muy complicado para un profesor con la carga de alumnos y de singularidades que tiene en el aula, dejar que cada uno de esos niños investigue sus caminos neuronales para que aprenda a su ritmo y a su manera. Pero si eso no es posible, entonces lo que sí tiene que serlo es prestar ayuda para que entiendan el camino correcto, cuál es el lugar al que tienen que llegar; ayudarles a establecer prioridades, a que entiendan por qué esa prioridad que les marcas es la que deben establecer en ese momento y no otra.

Porque hay una cosa que sé de primera mano (no vivo sólo con dos hijas superdotadas, sino que hay más de esos en mi vida): el niño con unas altas capacidades que es capaz de integrarlas en su vida y usarlas para su propio desarrollo, se convierte en un adulto eficiente y brillante; pero el que ha vivido su niñez y su adolescencia pensando que su cabeza no estaba bien porque no veía lo que para otros era obvio, entre toda la maraña de pensamientos y opciones que se planteaban en su mente, puede terminar siendo un adulto con dificultades para desenvolverse.
Y mira, como madre, mi única función en el mundo, es dar a mis hijas las herramientas adecuadas para que se desarrollen en adultas felices y capaces. Y para eso, necesito que sus profesores entiendan esto.

Espero conseguirlo algún día.

viernes, 10 de marzo de 2017

A vueltas con los "fanes" y los locos

Hace unas semanas, el teléfono móvil de mi hija mayor apareció en una página de información telefónica, en la que un usuario (anónimo) aseguraba que ese era el número de ElRubiusOMG. Desde entonces, y ya digo que son SEMANAS, raro es el día que recibe menos de 3 ó 4 mensajes por Whatsapp de "fanes" del famoso youtuber.


Desde luego, es para plantearse el nivel de estupidez humana, para que tanta gente se crea a pies juntillas que un número de teléfono que aparece en una página de vete tú a saber quién, a través de un usuario anónimo, es el de alguien famoso.
Pero bueno, te paras, y piensas en la edad media de la gente que sigue a ElRubius, y a fin de cuentas no tienen años como para plantearse si es lógico o no lo es. Ven la oportunidad inmediata de tener un contacto con su admirado Rubius y lo aprovechan.
Lo que me lleva a la reflexión es la peña que va más allá de "fanes" y se comportan como locos. Los que llaman sin importar la hora para ver si lo consiguen. Los que tras escuchar una voz femenina que asegura que ni es ni tiene nada que  ver con él, insisten en que "si lo niega es que es". Los que cuando reciben negativa tras negativa se enfadan y le juran que nunca más volverán a ver sus videos porque "les ha decepcionado".

Y luego, hay otra categoría, pero esa no sé qué nombre ponerla. Los que, una vez que se dan cuenta de que han hecho el canelo, y que están hablando con una mujer, le dicen
"Ah, bueno. Mándame un nude". Así. Mi hija ha recibido en las últimas semanas más "ofertas" de sexo de las que recibirá en los próximos años. Seguro. Y lo mejor, cuando contesta un "que te den", los insultos, los improperios. Unas niñas argentinas la estuvieron horas enviando audios llamándola "maricona de mierda", porque Laura ya, harta de tonterías, y después de hacer notar que su foto de perfil no correspondía a ElRubius, empezó a vacilar diciendo que era un hombre y era gay.

Así que ahora me pregunto. Rubius, hijo mío, si lees esto, ¿qué nivel tienen los que te siguen? Intelectual, poco, desde luego. Pero ¿moral?
Niños que acosan sexualmente, pidiendo fotos de alguien a quien no conocen desnuda y se ofenden cuando se les niega, que llegan incluso a enviar fotos de parte de su anatomía. Niñas que se muestran totalmente homófobas e insultan a alguien sólo por el hecho de ser homosexual... Espero que les saques la pasta, corazón. Porque por lo menos servirán para algo.

miércoles, 8 de marzo de 2017

A vueltas con las celebraciones y las conmemoraciones

Otro año más, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora ( o sea, todas).
No me da tiempo para una entrada, pero echando un vistazo matutino al Face, me trae mis recuerdos de otros años por estas fechas, y así, de repente, me ha apetecido recordar este post que comparto, y que me parece tan valioso que creo que merece la pena conservar aquí:

Quizás por lo que ha ocupado mi vida en los últimos años, la defensa de la mujer en sus desigualdades, incluso en este occidente nuestro tan "Mundos de Yupi" y tan alejado de la realidad de la mayor parte de la población mundial, estoy especialmente sensible con el tema de las "felicitaciones" en un día como hoy.
Hoy es el Día Internacional de la Mujer. Me gustaría que la gente entendiera que un "Día Internacional" no es una fiesta. El "Día Internacional del SIDA" no es la fiesta de los enfermos de SIDA y a nadie se le ocurre ir a felicitar a un enfermo porque "es su día". Sería absurdo y se podrían llevar una bofetada, y con razón. Me gustaría que la gente entendiera que cuando se propone un Día Internacional de lo que sea, lo que se pretende es visibilizar una situación, una enfermedad o un colectivo para concienciar a la gente del problema que supone padecer la situación o la enfermedad o pertenecer a un colectivo. El hecho de que aún tenga que existir un Día Internacional de la Mujer es un puto drama. Significa que aún queda lucha, que millones de mujeres padecen violencia en cualquier grado por el hecho de ser mujer, que millones de mujeres en todo el mundo trabajan más horas por cobrar menos, que millones de mujeres en todo el mundo no tienen acceso a coberturas sociales mínimas por el hecho de ser mujer... Significa que a pesar de la sensación (errónea, por cierto, falaz del todo) de haber conseguido la igualdad en nuestro pequeño mundo occidental, aún falta muchísimo por luchar por las mujeres. Y que me venga alguien a regalar flores o a felicitarme me saca la bilis. Y si además es una mujer, me dan ganas de gritar hasta quedarme afónica.
Creo de verdad que el mejor invento del patriarcado es hacernos creer que el Dia de la Mujer es una fiesta. Regalarnos ramitos de violetas como en la canción, y felicitarnos, y hacer de esto una puta fiesta, es la forma de volver a hacer invisible lo que el día pretende hacer visible.
Y sí, ya lo sé. Para la mayoría de nosotros todo esto que escribo no tiene sentido. A mi madre también le regalaban rosas y le hacían creer que era una fiesta. Tal vez la cuestión esté en darnos la vuelta y no mirar hacia nosotros, sino hacia, como he dicho antes, la mayor parte de la población mundial. Porque nuestras violencias las tenemos tan asimiladas que no las vemos; las tenemos tan escondidas entre cuestiones aparentemente normales y hasta deseables, que son aún más invisibles. Y son esas las que, si se empezara a comentar, quizás levantarían ampollas porque están en nuestro cerebro más irracional. Basta con entender que en el resto del mundo, aquél que llamamos "menos civilizado", la mujer es la más desprotegida, la víctima, la protagonista de horrores. Y felicitarnos a nosotras por ser mujer, puede ser un insulto para quienes ser mujer es aún una pesadilla. El día internacional de la mujer no es una fiesta, ni una celebración; ni siquiera una conmemoración. Es una reivindicación. Por favor, reivindicad conmigo.