jueves, 30 de marzo de 2017

A vueltas con nuestras cargas

De verdad que el ser humano no deja de sorprenderme. Que guay, ¿eh? El día que pierda la capacidad de sorpresa, es que estaré muerta o algo. Pero vamos, que de vez en cuando molaría que la sorpresa fuera para bien.

Hace poco publicaba yo una entrada en la que decía, entre otras cosas, que tenemos poco de lo que enorgullecernos, los herederos de la EGB. ¿Os acordáis? Trajo tela, la entrada. Se titulaba A vueltas con la educación y nuestra responsabilidad en ella, y aquí os saco un párrafo, porque hoy le voy a dar vueltas a estas palabras:

Somos los obreros que nos negamos a reconocernos como tales. Somos los inventores (o los facilitadores de la invención, porque nos la hemos creído) de la "nueva clase media", que ni siente ni padece. Somos los que damos de comer a Belén Esteban y a toda su recua. Somos los padres de los chavales que salen en "Hermano Mayor", los que llamamos a la "Súper Nany" y compramos libros a Estivil. Madre mía, ¡somos los que hemos votado la mayor contra reforma económica, laboral y educativa desde el franquismo! ´
Así que admitámoslo: 


HEMOS SALIDO TONTOS DEL CULO. Unos tontos del culo egocéntricos y egoístas, además. Que queremos vengarnos en nuestros hijos de lo mal que lo pasamos nosotros en el colegio. Vamos, la teoría de las novatadas: como a mi me jodió, cuando lleguen los novatos me voy a ensañar con ellos igual que se ensañaron conmigo.
Y como además buscamos la recompensa inmediata, y queremos creernos guays nos encantan los profesores que hacen lo de siempre, porque así lo hicieron con nosotros, pero que también nos pongan a nosotros de protas de la educación de nuestros hijos. Bienvenido Onán.

En nuestra época, el horario del colegio era de jornada partida. Una mierda. Me pasé la infancia yendo y viniendo del colegio, haciendo de serpa de libros y cuadernos. Cuatro viajes al día.
Yo salía del colegio a las 5 y media de la tarde, tenía una hora de extra escolares, llegaba a casa, merendaba, me duchaba y me ponía a hacer deberes. Había días (muchos, que estudié en colegio de monjas y la peña se pensaba entonces que a más tarea mejor era el colegio) que estaba haciendo deberes hasta la hora de la cena, y un ratito más después de cenar, hasta la hora de acostarme. Al final del día, no había hecho otra cosa: levantarme, prepararme para el colegio, acarrear libros, repetir la misma mierda 3 horas, volver acarreando libros, comer, preparar una nueva mochila, volver al colegio acarreando otros libros, otra vez más mierda otras dos horas, la extra escolar de turno, de nuevo a casa a seguir con los deberes, la cama y otra vez vuelta a empezar. Muy bonito todo.
Cuando me hice mayor y tuve a mis hijas, bueno, llamadme loca, pero no quise ni por lo más remoto que su vida fuera así. A ver, que sí, que tuvimos unas infancias felices, de puta madre y tal, que podíamos jugar en la calle y no teníamos maquinitas que era todo mucho más chachi pistachi. Los fines de semana, con suerte; si a la monja de turno no se le había ocurrido que como había dos días, mejor ponía más deberes para que no nos aburriésemos. Y en verano, "Vacaciones Santillana".
Lo primero que hice fue asegurarme de que enviaba a mis hijas a un colegio donde todas las clases fueran seguidas, para que pudieran tener la tarde libre. Para que pudieran jugar aunque no fuera ni sábado ni julio.
No dejaba de sorprenderme las personas que optaban por colegios concertados, no porque pensaran que eran mejores o porque quisieran una enseñanza religiosa, sino para que sus hijos tuvieran la misma mierda de horarios que ellos. Que sí, que hay que trabajar y tal, que es una putada. Pero que te digan que es mejor así, que se nota que los niños de jornada intensiva tienen menos horas de sueño y van más cansados, es hacerte comulgar con ruedas de molino.
¿Y cuando se te escapa el comentario de "pobrecitos cómo va la mochila", y alguien te dice "bueno, nosotros también íbamos así y no pasa nada"? O sea un "se jodan" en toda regla. Bueno, yo en ese momento vuelvo a la realidad y no sigo la conversación, porque es inútil. Pero para empezar, ellos van más cargados, porque nosotros llevábamos 3 libros y cuadernos por la mañana y 2 por la tarde, y ellos llevan 5; y a partir de 1º de Secundaria (nuestro 7º de EGB, en el que teníamos las mismas 5 horas que el resto de EGB) tienen 6 horas, y por lo tanto, 6 libros con sus respectivos cuadernos. Y en todo caso, ¿de verdad está guay que no se avance NADA en 30 años?
Y ya cuando hablamos de deberes, nos peta la cabeza. Porque si se me ocurre decir que los niños tienen derecho a vivir, que tienen ahora más carga de deberes que nunca, que terminan los deberes a la misma hora que los terminaba yo, y entonces nos poníamos más tarde, entonces también hay quien entona otro "que se jodan".
Porque no nos engañemos.
Cada vez que decimos "bueno, que nosotros también estábamos así y no pasa nada" es un "¡Que se jodan!" en toda regla.
Pues no sé. A mi me debieron de educar fatal. Crecí oyendo decir a mis padres que siempre queremos para nuestros hijos, una vida mejor que para nosotros.
Igual estaban equivocados.

miércoles, 29 de marzo de 2017

A vueltas con los estudios

Os presento a Laura. Tiene 14 años y va al instituto, a 3º de ESO.


Cariño, sé que lees esto, así que sé que me vas a matar, pero es que tengo que contextualizar, entiéndelo.

Bueno, el caso es que por coincidencia de horarios, voy en el bus con ella cada día de vuelta del instituto. Un bus, que por cierto, va petado de gente, porque recoge a decenas de adolescentes recién salidos de clase. En él comparto el espacio y las conversaciones con mi hija y sus amigos, la mayoría de los cuales están en 4º. Es muy interesante. Muchos profesores de secundaria deberían hacerlo también. Conocer a sus alumnos fuera de clase, y escucharles de verdad. Ayer yo simplemente, flipé.

Estamos acostumbrados a que Laura haga verdaderos maratones de estudio y de trabajos. Es muy perfeccionista y tiene un nivel de auto exigencia considerable, así que le dedica al día entre 2 y 3 horas, la mayor parte de las cuales están ocupadas  por los deberes (mierda de deberes, de verdad, es que los odio), y el resto, si puede, al estudio para llevar al día las asignaturas. Por supuesto, para ella eso tiene una recompensa, y sin ir más lejos, esta mañana me llamaba en el recreo para decirme que tenía un sobresaliente en mates. Yo sigo sin entenderlo. A ver, que me hace feliz el sobresaliente, porque sé que a ella le hace feliz, pero que me la suda.
El caso es que Laura tiene un montón de inquietudes. Empezó Italiano en la Escuela Oficial de Idiomas, y lo ha tenido que dejar, le encanta la música, el canto, el baile, ... Pero no puede satisfacer esos intereses porque no le queda día. Bueno, a ver. En casa estudia piano a su ritmo, canto a su ritmo, guitarra a su ritmo. Pero no puede ir a clases porque no puede dedicar el tiempo regular que requiere una disciplina a la que, por otra parte, se sometería con gusto.
Un día nos dijo que el Instituto impide la vida. Y jode, pero es verdad.

Voy a lo de ayer.

Después de un viaje en el que yo trataba de decirles que un número es un número, que da igual, que vivan, una de ellas, 15 añines, me decía que estaba muy cansada porque se había levantado a las 6 de la mañana y al día siguiente lo volvería a hacer. Por la tarde apenas les da tiempo a terminar todas las tareas, y el tiempo de estudio se lo arrancan al sueño. Es cierto que estoy hablando de alumnos preocupados por su expediente, niños con notas brillantes. Pero lo son porque han sentido la presión de serlo. Es necesaria esa nota para estudiar lo que ellos quieren, para ser lo que ellos quieren. Se están quedando sin algo que no van a recuperar, y los adultos de su entorno les refuerzan diciendo que lo deseable es eso.

Y desde aquí os voy a decir algo: no es cierto.

Cuando yo tenía vuestra edad (en el Pleistoceno) se nos decía que si teníamos un buen expediente académico y estudiábamos una carrera, seríamos Capitán General con mando en plaza. Y este país, por esa regla de tres, está lleno de capitanes generales con mando en plaza de mi generación. Y de peña que se come los mocos en su plaza, también. Licenciados mal pagados, gente que se sacó su carrera y trabajan de vete tú a saber, si trabajan...
Sí es verdad que hay algún área altamente especializada en el que es necesaria una buena formación académica; es cierto que a esa formación se accede con esfuerzo, aunque como os están desmontando el ya precario sistema, probablemente otro con más dinero y menos méritos tenga más posibilidades que vosotros. 
Pero también es verdad que en el resto de áreas, el sistema está desapareciendo, se está desintegrando. Las grandes empresas de la información, de internet, incluso de informática, ya no buscan licenciados brillantes, sino gente brillante. Buscan entre los youtubers, incluso entre los perfiles de vuestras redes sociales jóvenes inteligentes, avezados, creativos. El sistema laboral, las profesiones, están cambiando en objetivos y en sujetos, pero eso no os lo dicen en el instituto. 
Seguís inmersos en el mismo paradigma que nos parió a nosotros, y que ya entonces se mostró obsoleto. Un paradigma que, de facto, ha desaparecido hace décadas, y nos negamos a verlo; y lo que es peor: os tapamos los ojos para que vosotros tampoco lo veáis. 
Vivid. Atesorad vivencias buenas, malas, regulares. Conoceos a vosotros mismos y sed quienes queréis ser, y luego, ponedlo en práctica.
Porque además, si vuestros planes no salen como esperabais, nadie os va a devolver eso. Nadie os va a devolver una tarde de ocio con los amigos, ni una gamberrada a tiempo, ni unas risas porque no hay nada que hacer. Nadie os va a devolver el pavo, ni los primeros amores, ni los juegos absurdos. 
Y luego a lo mejor, os convertís en padres de ese adolescente al que veis, y os encontráis escribiendo esto dentro de 30 años.

lunes, 27 de marzo de 2017

A vueltas con los duelos

Dos semanas sin escribir. Dos semanas pendiente del final de una historia.
He estado muy críptica y medio ausente en esos días. Primero porque mis sentimientos no eran solo míos, y luego porque me estaba resultando muy difícil colocar todo lo que me estaba revolviendo por dentro.

Hace algo más de un año, en noviembre de 2015, una de mis mejores amigas de la infancia me hizo un anuncio demoledor. Le habían diagnosticado un cáncer terminal de ovarios. Llevaba ya tiempo con dolor y mucho malestar, pero su médico de cabecera, al que le faltaban semanas para jubilarse, diagnosticó un cólico de vesícula. No pidió placas, ni ninguna otra prueba. Le dolía y tenía que ser la vesícula. Punto.
Recuerdo verla por la calle, o coincidir en la farmacia, y sin perder la sonrisa me contaba que le dolía cada vez más.
Lo cierto es que no recuerdo a Silvia perder la sonrisa. No recuerdo a Silvia quejarse por la situación en su casa, ni por sus problemas de salud, ni siquiera cuando le diagnosticaron, hace ya unos años, una esclerosis múltiple. Simplemente, aceptaba las situaciones y seguía hacia delante. Eso que a mi me cuesta tanto...

El caso es que a su vesícula no le pasaba nada. Pero cuando llegó el diagnóstico la cosa ya estaba muy fea.

Recuerdo conversaciones con ella durante ese año. Recuerdo cuando yo le decía que no podía ni imaginar por lo que estaba pasando, que ella me decía que no tenía ni que imaginarlo, que eso no debía imaginarlo ni vivirlo nadie.

Desgraciadamente he tenido que despedirme de mucha gente querida en los últimos años, algunos de ellos, por el puto cáncer, y dos a una edad insultantemente temprana. Mi primo no cumplió los 40, porque un cáncer de pulmón se lo llevó en 3 meses, y a Silvia la metástasis se la ha llevado antes de cumplir los 44. Y es cierta una cosa: nadie debería siquiera tener que imaginárselo.


He escrito mucho sobre esas pérdidas, sobre lo que significaron para mi, sobre cómo han cambiado mi vida. Pero esta tiene algo que no tenía las otras, y no sé cómo explicarlo. Lo voy a intentar.
Cuando se fue mi primo, tan joven, de una forma tan dramática, perdiendo tanto, me planteé muchas cosas. Fundamentalmente, me planteé cómo quería estructurar mi vida, si en función de la conveniencia o en función de mis deseos. La gente no sabe lo radical que fue el cambio, porque no lo pareció. Pero para empezar, gracias a ese replanteamiento vital, Diana está en este mundo, y con ella todo lo que vino después.
Cuando mi madrina se fue, crecí. Crecí de verdad. Viéndolo en perspectiva, aquella experiencia, sus cuidados, me reafirmaron en la vocación de cuidados, y me prepararon para hacer lo que hoy hago, que es cuidar de mis padres. 
Cuando despedí a mi tía "la comadrona", es cuando empecé a plantearme de verdad mis raíces, cuando sentí "agujeritos" en mi historia, y me vi obligada a comenzar un camino de introspección. La lloré a ella muchísimo, porque fui consciente de mis pérdidas.

El jueves pasado me llamó mi amiga Belén. Silvia había muerto. Raquel y yo la habíamos visto sólo 4 días antes, y ella, Belén, la había estado cuidando hasta el final (cuánto te lo agradecemos, pelirroja). El viernes nos abrazábamos las tres ante ella, conscientes de que ya no la íbamos a ver más. Esta pérdida es distinta.
Este duelo es doloroso porque arranca trozos. Porque no ver a Silvia significa sacarla de esa fotografía. Porque es un trozo de mi propia historia. Me añoro de niña, de adolescente.Añoro las gamberradas, las tonterías, el pavo. Echo de menos las meteduras de pata. 

No sé cómo acabar esta entrada. Normalmente los finales me salen redondos, pero hoy no sé acabar, así que voy a terminar como lo hizo Silvia. 

jueves, 16 de marzo de 2017

En dos palabras

Si me ves por la calle con un enfermo dependiente...


- No me mires con compasión: no la quiero
- No le mires con compasión: no la necesita
- No le digas "qué bien te veo": sabe que mientes
- No le digas "qué mal te veo": no jodas...
- No me digas "buff, la que se os avecina": lo sé
- No me des consejos que no te he pedido: Sabemos lo que tenemos que hacer, y si creemos que nos puedes ayudar, ya te lo diremos
Y entonces, ¿qué puedes hacer?
Habla con nosotros si quieres hacerlo, abrázale, así sabrá que le aprecias, que te acuerdas de él, pero que no te da pena.
Danos la mano. A los familiares nos hace la misma falta saber que estás ahí para lo que nosotros necesitemos.
Si eres muy cercano y quieres saber cómo está realmente, pregunta sin rodeos. Lo que podamos responderte, te lo responderemos y lo que no, pues ya nos tomaremos un café.
¿Por qué escribo esto? Pues porque creo que era necesario.


(Mini entrada rescatada de mi muro de Facebook de hace dos años, cuando empezó todo)

miércoles, 15 de marzo de 2017

A vueltas con las evaluaciones y los estereotipos

Llevo unos días dándole vueltas a este tema, y preguntándome si le debería dar vueltas aquí, o debería seguir en mi cabeza. Más que nada porque es un tema recurrente en este blog, y me vais a decir que soy una pesada.
Pero una vez más, queridas y queridos, el blog es mío, así que seré pesada.

Desde el principio de este blog hablaba de que mi hija mayor tiene una evaluación positiva en Altas Capacidades Intelectuales; siempre pensé que era ella la única, y que me iba a librar de otro viaje en este mundo de los niños superdotados. Pero no. A mi hija pequeña le ha llegado esa misma valoración hace unas pocas semanas.
Tengo que confesar que "no lo vi". La evaluación se pidió porque quien sí lo vio fue mi hija mayor, y bueno, dado que sin lugar a dudas, ella sabe más, por intuición y afinidad, que yo de estos temas, le hicimos caso.

Es curioso que cuando un padre (bueno, voy a hablar de nuestro caso concreto, claro) pide una evaluación al equipo de orientación de un colegio, venga por donde venga el aire, por la derecha o por la izquierda, no lo hace por nada. Los padres de un niño con dificultades que se deciden a pedir una evaluación al respecto, no lo hacen para que les nombren la dificultad, ni para despertar las simpatías o la conmiseración de los otros padres en el parque. Lo hacen para que, una vez descubierta y nombrada la situación, se puedan llevar a cabo todas las actuaciones posibles encaminadas a que su hijo desarrolle su máximo potencial. Cuando quien pide la valoración es un padre que sospecha que su hijo pudiera ser superdotado, creedme, lo hace por lo mismo. De hecho, (e insisto, sigo hablando por mi) se suele tardar en hablar del tema, y se siente cierta vergüenza al decirlo en público. La conversación en nuestra cabeza, es algo así:

- Pues mi niña es superdotada
- Piis mi niñi is sipirditidi. Ñiñiñiñiñi

No sé si me explico.

Y desde luego, no pedimos una evaluación para que el equipo docente exija más a nuestros hijos. Y ahí empezamos con los estereotipos.
Porque entre nosotros, y hacia fuera, hablamos mucho y nos quejamos de los profesores que "no lo ven" y te hacen la vida imposible porque como ellos "no lo ven", es que no es y tú eres una exagerada ("Piis mi niñi is sipirditidi. Ñiñiñiñiñi"). De eso hace no mucho escribí, solidarizándome con una compañera de fatigas que quebró en una conversación con un profesor. La frustración cuando tú sólo quieres que tu hijo sea feliz y pueda acabar sus estudios de manera satisfactoria, y la cerrazón de algunos con los puñeteros estereotipos hacen que todo se vaya a la mierda.

Pero hay otro tipo de profesores que tienen también tela, y que hacen a los niños víctimas de los mismos estereotipos pero en otro sentido. En lugar de decir que los padres, el psicólogo, el orientador y todo el mundo están equivocados, tratan de hacer encajar a golpe de castigo, riña o voz, a ese niño rebelde, en el puto estereotipo. Es el profesor de matemáticas de 2º de Secundaria que le dijo a mi hija Laura que si suspendía su asignatura, con la evaluación hecha de AACC, era porque quería suspender. No importa que la niña le preguntase en qué universo conocido o por conocer, si alguien puede elegir entre un aprobado y un suspenso, elige un suspenso.
Y esta semana, ha vuelto a pasar, pero no con la mayor, que ya los tiene a todos más o menos "domados", sino con la peque. Que a alguien le costaba que la niña no encajara en el perfil. Que tiene que ser brillante, y hacerlo todo, no de 10, sino de 15, y hacer unos cuadernos que ya querría para si María Moliner.
Lo positivo del caso: una vez explicado, ha admitido que "pensaba que un niño tan capaz era así", pero ha reconsiderado la cuestión, ha entendido que precisamente estos niños "tan capaces" tienen dificultades. A veces, incluso, de comprensión.

Mi hija mayor lo llama "neurodivergencias". Si empleas caminos neuronales distintos a los de la mayoría para adquirir conocimientos, hay veces que encajar en las exigencias de un determinado sistema, cuesta mucho. Vamos a entender que tal y como están las cosas, es muy complicado para un profesor con la carga de alumnos y de singularidades que tiene en el aula, dejar que cada uno de esos niños investigue sus caminos neuronales para que aprenda a su ritmo y a su manera. Pero si eso no es posible, entonces lo que sí tiene que serlo es prestar ayuda para que entiendan el camino correcto, cuál es el lugar al que tienen que llegar; ayudarles a establecer prioridades, a que entiendan por qué esa prioridad que les marcas es la que deben establecer en ese momento y no otra.

Porque hay una cosa que sé de primera mano (no vivo sólo con dos hijas superdotadas, sino que hay más de esos en mi vida): el niño con unas altas capacidades que es capaz de integrarlas en su vida y usarlas para su propio desarrollo, se convierte en un adulto eficiente y brillante; pero el que ha vivido su niñez y su adolescencia pensando que su cabeza no estaba bien porque no veía lo que para otros era obvio, entre toda la maraña de pensamientos y opciones que se planteaban en su mente, puede terminar siendo un adulto con dificultades para desenvolverse.
Y mira, como madre, mi única función en el mundo, es dar a mis hijas las herramientas adecuadas para que se desarrollen en adultas felices y capaces. Y para eso, necesito que sus profesores entiendan esto.

Espero conseguirlo algún día.

viernes, 10 de marzo de 2017

A vueltas con los "fanes" y los locos

Hace unas semanas, el teléfono móvil de mi hija mayor apareció en una página de información telefónica, en la que un usuario (anónimo) aseguraba que ese era el número de ElRubiusOMG. Desde entonces, y ya digo que son SEMANAS, raro es el día que recibe menos de 3 ó 4 mensajes por Whatsapp de "fanes" del famoso youtuber.


Desde luego, es para plantearse el nivel de estupidez humana, para que tanta gente se crea a pies juntillas que un número de teléfono que aparece en una página de vete tú a saber quién, a través de un usuario anónimo, es el de alguien famoso.
Pero bueno, te paras, y piensas en la edad media de la gente que sigue a ElRubius, y a fin de cuentas no tienen años como para plantearse si es lógico o no lo es. Ven la oportunidad inmediata de tener un contacto con su admirado Rubius y lo aprovechan.
Lo que me lleva a la reflexión es la peña que va más allá de "fanes" y se comportan como locos. Los que llaman sin importar la hora para ver si lo consiguen. Los que tras escuchar una voz femenina que asegura que ni es ni tiene nada que  ver con él, insisten en que "si lo niega es que es". Los que cuando reciben negativa tras negativa se enfadan y le juran que nunca más volverán a ver sus videos porque "les ha decepcionado".

Y luego, hay otra categoría, pero esa no sé qué nombre ponerla. Los que, una vez que se dan cuenta de que han hecho el canelo, y que están hablando con una mujer, le dicen
"Ah, bueno. Mándame un nude". Así. Mi hija ha recibido en las últimas semanas más "ofertas" de sexo de las que recibirá en los próximos años. Seguro. Y lo mejor, cuando contesta un "que te den", los insultos, los improperios. Unas niñas argentinas la estuvieron horas enviando audios llamándola "maricona de mierda", porque Laura ya, harta de tonterías, y después de hacer notar que su foto de perfil no correspondía a ElRubius, empezó a vacilar diciendo que era un hombre y era gay.

Así que ahora me pregunto. Rubius, hijo mío, si lees esto, ¿qué nivel tienen los que te siguen? Intelectual, poco, desde luego. Pero ¿moral?
Niños que acosan sexualmente, pidiendo fotos de alguien a quien no conocen desnuda y se ofenden cuando se les niega, que llegan incluso a enviar fotos de parte de su anatomía. Niñas que se muestran totalmente homófobas e insultan a alguien sólo por el hecho de ser homosexual... Espero que les saques la pasta, corazón. Porque por lo menos servirán para algo.

miércoles, 8 de marzo de 2017

A vueltas con las celebraciones y las conmemoraciones

Otro año más, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora ( o sea, todas).
No me da tiempo para una entrada, pero echando un vistazo matutino al Face, me trae mis recuerdos de otros años por estas fechas, y así, de repente, me ha apetecido recordar este post que comparto, y que me parece tan valioso que creo que merece la pena conservar aquí:

Quizás por lo que ha ocupado mi vida en los últimos años, la defensa de la mujer en sus desigualdades, incluso en este occidente nuestro tan "Mundos de Yupi" y tan alejado de la realidad de la mayor parte de la población mundial, estoy especialmente sensible con el tema de las "felicitaciones" en un día como hoy.
Hoy es el Día Internacional de la Mujer. Me gustaría que la gente entendiera que un "Día Internacional" no es una fiesta. El "Día Internacional del SIDA" no es la fiesta de los enfermos de SIDA y a nadie se le ocurre ir a felicitar a un enfermo porque "es su día". Sería absurdo y se podrían llevar una bofetada, y con razón. Me gustaría que la gente entendiera que cuando se propone un Día Internacional de lo que sea, lo que se pretende es visibilizar una situación, una enfermedad o un colectivo para concienciar a la gente del problema que supone padecer la situación o la enfermedad o pertenecer a un colectivo. El hecho de que aún tenga que existir un Día Internacional de la Mujer es un puto drama. Significa que aún queda lucha, que millones de mujeres padecen violencia en cualquier grado por el hecho de ser mujer, que millones de mujeres en todo el mundo trabajan más horas por cobrar menos, que millones de mujeres en todo el mundo no tienen acceso a coberturas sociales mínimas por el hecho de ser mujer... Significa que a pesar de la sensación (errónea, por cierto, falaz del todo) de haber conseguido la igualdad en nuestro pequeño mundo occidental, aún falta muchísimo por luchar por las mujeres. Y que me venga alguien a regalar flores o a felicitarme me saca la bilis. Y si además es una mujer, me dan ganas de gritar hasta quedarme afónica.
Creo de verdad que el mejor invento del patriarcado es hacernos creer que el Dia de la Mujer es una fiesta. Regalarnos ramitos de violetas como en la canción, y felicitarnos, y hacer de esto una puta fiesta, es la forma de volver a hacer invisible lo que el día pretende hacer visible.
Y sí, ya lo sé. Para la mayoría de nosotros todo esto que escribo no tiene sentido. A mi madre también le regalaban rosas y le hacían creer que era una fiesta. Tal vez la cuestión esté en darnos la vuelta y no mirar hacia nosotros, sino hacia, como he dicho antes, la mayor parte de la población mundial. Porque nuestras violencias las tenemos tan asimiladas que no las vemos; las tenemos tan escondidas entre cuestiones aparentemente normales y hasta deseables, que son aún más invisibles. Y son esas las que, si se empezara a comentar, quizás levantarían ampollas porque están en nuestro cerebro más irracional. Basta con entender que en el resto del mundo, aquél que llamamos "menos civilizado", la mujer es la más desprotegida, la víctima, la protagonista de horrores. Y felicitarnos a nosotras por ser mujer, puede ser un insulto para quienes ser mujer es aún una pesadilla. El día internacional de la mujer no es una fiesta, ni una celebración; ni siquiera una conmemoración. Es una reivindicación. Por favor, reivindicad conmigo.