miércoles, 28 de junio de 2017

A vueltas con los regalos y esas gratificaciones extraordinarias

Termina el curso, y muchos niños de infantil y primaria finalizan, además, su ciclo. En teoría todo normal. Cuando yo era pequeña, terminaba un ciclo y empezaba el siguiente y en principio, la que recibía las gratificaciones era yo; bueno, en realidad yo no recibía nada, porque mis padres eran de los que pensaban que ir pasando de curso era mi obligación, igual que la de mis profesores era darme clase, o la de ellos ir cada día a su trabajo. Pero como yo era de esos alumnos que van sacando las cosas a trancas y barrancas, cuando pasaba de curso, y más aún de ciclo, mis padres me mostraban su satisfacción y alegría.

Cuando mi hija mayor empezó el colegio, mi expectativa era la misma: alegrarme mucho y felicitar mucho y con muchos besos a mi hija al subir de curso y/o de ciclo. Pero hete aquí que cuando la nena terminó infantil me vi inmersa en un ritual con el que yo no contaba para nada. Voy a aclarar que la maestra de infantil de mi hija mayor me caía como el culo. Siempre me pareció una clasista que trataba a los niños no sólo con condescendencia y exigencias de más (supongo que estaba traumatizada por no ser catedrática de universidad) que se dedicaba a dividir a los niños en "la mesa de los listos", "la mesa de los vagos", "la mesa de los torpes"; cuestión que, por cierto y como ya he relatado alguna vez, facilitó el camino para que todas las clases en las que esta mujer sentó las bases de la relación entre compañeros, tuvieran problemas graves de bullying.
El caso es que cuando llegó junio, un grupo de madres empezaron la "Campaña regalo de la profe"; ¿la razón? Que terminaban el ciclo, y había que despedirse de la profesora, que había hecho mucho por nuestros niños. ¿Perdona? ¿Por quién? 
Pero me callé. Yo en aquel entonces no era tan "la rara", y se suponía que tenía casi "amigas" entre las otras madres del cole, así que sí, cedí a la presión del grupo. Porque presión hay. No lo neguéis.
En aquel momento se decidió regalar a la susodicha cabr....maestra un álbum hecho a mano por un artesano de imprenta de León, con tapas de cuero y un papel chachi y tal. Casi 200€ de vellón más el trabajito de ir recopilando fotos y haciendo montajes chulos para el librito. ¡Y ojo! Que el que no participaba, no ponía foto. Vamos que la profe supo inmediatamente quién había apoquinado y quién no. Y yo apoquiné.

Justo el último año en que mis hijas estuvieron en aquel colegio coincidió con el final del ciclo de infantil de mi hija pequeña. Había estado 3 años con una profe amorosísima que quedó tan hasta los cojones de lidiar con todo el mundo (incluida la del párrafo anterior) que después de eso pidió quedarse como profe de apoyo y que se escalabrasen otros. Llegado el mes de junio, una vez más, llegaron las hordas de madres en pos del regalo al profesor. Yo adoraba a aquella maestra. Pero ya tenía el culo pelao con las tonterías, y dije "No, lo siento, pero no". Aquella maravillosa maestra no sólo había cumplido con su obligación para con mi hija, sino que me ayudó en un momento muy duro, que fue la muerte de mi madrina, que tenía una relación cercanísima con mis hijas y que además murió en casa de mis padres, y ellas fueron testigos. Conchi, que así se llama la maestra, estuvo pendiente de Diana, contestó a todas sus preguntas, le dio espacio y me mantuvo informada. Y por eso, a título personal, le di un detalle. Un detalle de mierda, he de admitir. Un pin de La Teta y Más, algo que no costaba más de unos céntimos. Pero quería que tuviera algo que le recordase a mi, a nosotras. Y le dije que no participaba en el regalo de padres porque no estoy de acuerdo. Y ya os digo, que cuando toque dar el regalo de fin de ciclo a la tutora de Diana mucha gente se sorprenderá mucho porque yo diré NO.

A ver. ¿Qué coño es eso de regalar nada a los profesores? ¡Pero si ya hay packs de Mr. Patataful para ello! Esto es como en tiempos pretéritamente rancios, cuando se le ofrecía el jamón (a lo que un profesor de mi madre, por cierto, decía con sorna "señores, que los cerdos no son cojos, denme dos.") NO. Los profesores de nuestros hijos hacen su trabajo. Una labor encomiable que desarrollan, la mayor parte de las veces, e independientemente de nuestra opinión, de la mejor manera que pueden y saben. Y por eso precisamente, se les paga un sueldo; más bajo de lo que debería a pesar de que los mismos que juntan dinero para los regalitos digan que es un chollo porque cobran una pasta y se pasan 3 meses de vacaciones. A mi si me pasan una hoja de firmas para que se les suba el sueldo para que los 3 meses de vacaciones sean reales y no a costa de una parte de sus emolumentos,  firmo pero ya. Pero no voy a participar en la tontería de los regalitos.

Porque, ¿por qué se regala nada a un profesor? ¿Cuál es el motivo? ¿Que se ha portado bien con los alumnos? Pues faltaría más que se portase mal; vamos eso no es que vaya en el sueldo es que va en la categoría de la persona.
¿Porque es un buen profesor?  ¿Para quién? ¿Lo ha sido para todos, o sólo para los hijos de los padres que promueven el regalo? ¿Quién determina qué profesor es bueno y cuál es una mierda? ¿Dónde está el baremo? ¿Sólo es para Infantil y Primaria? ¿Los profesores de Secundaria ganan más y por eso no merecen el regalo?

Que no. Que yo no he recibido nunca un regalo de mis jefes por hacer bien mi trabajo; sí una felicitación (poquitas, por cierto) y por supuesto, mi sueldo.
Y que hay muchas maneras mejores de mostrar gratitud, como por ejemplo, ir a hablar, estrechar su mano y dar las gracias.