viernes, 16 de junio de 2017

A vueltas con las mentiras 2. De Papá Noel y las expectativas ajenas.

Me ha encantado. Escribo un post sobre mentiras y se me arma un debate chulísimo en mi Facebook.
No sé si todo aquel que ha comentado ha leído el post, pero si hay que ser honesto, sólo los comentarios y reflexiones me han dado unas ganas irrefrenables de escribir otro.

Antes de empezar, voy a dejar claro clarísimo que lo que yo escribo aquí no es palabra de diosa. Son sólo reflexiones propias. Cuando hablo de la mentira, hablo de lo que yo pienso sobre que yo mienta. No pretendo pontificar, sino explicar cuál es mi opción personal que de entrada sé que no tiene por qué ser la mejor opción ni si quiera, la de la mayoría.

Vale, una vez aclarado el tema, voy a desgranar los temas que surgieron en el apasionado debate feisbuquero:

¿Y mentir para no hacer sufrir a alguien? Lo que viene siendo las mentiras piadosas.

Esto tiene tela, porque claro, son cuestiones muy personales. Os voy a contar una historia.
Hace 4 años, mi tía se moría. Claramente. No era capaz ya de tragar y estaba totalmente postrada en la cama. El equipo de Cuidados Paliativos Domiciliarios (que hacen una labor a-lu-ci-nan-te y que no reciben dinero de ningún rico para hacerla mejor) nos dijeron que había que tomar la decisión de sedar o no sedar en aquel momento a mi tía. Entonces, ella dormía en la cama de mi niñez, igual que yo había dormido (y duermo) en la cama de la suya. Fue un momento durísimo. Yo sabía que su mayor fuente de ansiedad era esperar su propia muerte.
La cuestión era decidir si le decíamos que lo que le iban a poner era la bolsa de morfina que significaba el final de su vida, o engañarla. Y la engañé.
Me acerqué a su cara, le di un beso y le dije que la enfermera iba a ponerle la medicación en una vía, con una bolsa que íbamos a colocar bajo su almohada. Le dije que le estaba costando mucho tragar las pastillas, y que así estaría más cómoda. Me sonrió y me dio las gracias. Fue lo último que hablé con ella. Murió a los dos días.

Mucha gente ahora estará pensando que hice bien. Yo sé que hice bien. Lo sé, porque si yo me viera en la misma situación querría que se actuase así. De hecho, cuando he hablado con Javi de estas cosas, de la posibilidad de que esto me pase a mi, le he dicho que actúe de la misma manera. La diferencia es que mi tía nunca dijo que quería que actuásemos así. Nunca dijo que quería que la mintieran. Y os puedo asegurar que esta mentira me persigue. La recuerdo mucho, y siento desazón por ella. No me arrepiento, pero me siento culpable.

Este es un caso muy, muy extremo. Lamentablemente, no es el primer caso extremo que vivo, ni la primera decisión sobre contar o no la verdad en un caso semejante. Pero la otra historia, en que la decisión fue la verdad, no es sólo mía. Y como no me pertenece me la guardo.

Lógicamente, en esta mentira piadosa, mi tía no pudo sentirse víctima. Ella murió y punto.
El problema de las mentiras piadosas es cuando la persona a la que mientes piadosamente no muere, y tiene que enfrentarse a la verdad (porque lo hará en algún momento, me reafirmo en la idea de que las mentiras siempre se descubren). Entonces no sólo descubre aquello de lo que la estábamos protegiendo, sino que además tiene que lidiar con el sentimiento de inferioridad que le causa esa mentira. Alguien la ha infantilizado, presuponiendo que no iba a poder afrontar una determinada situación, y se ha arrogado el derecho de decidir por ella. Yo me pongo en el lugar y no me mola nada, de nada. Pero luego hablaremos más sobre eso, porque mis hijas opinan lo mismo.

Conclusión: las mentiras piadosas, salvo excepciones muy trágicas, no salen a cuento.

Mentir para evitar conflictos

Supongo que funcionará a veces. Pero no estoy segura de que sea por lo que la peña se piensa. Tú mientes, y evitas el conflicto a corto plazo. Cuando la persona a la que mientes se entere (que se enterará) pueden pasar dos cosas:
  1. Hay conflicto, y además, elevado al cuadrado, porque encima te podrá echar en cara que la has mentido
  2. Deja de confiar en ti, y ya no habrá más conflictos ni más nada.
En resumen: dependiendo de lo que la otra persona te importe, puede ser que te merezca la pena, por si se da la opción dos, porque en el fondo pasas de ella, o puede ser que al final estés más jodida que en un principio.
Mi respuesta en Facebook creo que lo resume muy bien: "Yo puedo tener un conflicto con alguien, discutir y volver a ser amiga de ese alguien. Pero es difícil que vuelva a ser amiga de una persona con la que no he discutido, pero que me ha mentido. Y al final, insisto, quien queda mal es quien ha mentido"

La verdad a veces puede hacer mucho daño

Eso es totalmente cierto. Pero dado que la persona a la que mientes para protegerla, terminará enterándose de la mentira, lo único que estás haciendo es posponer lo inevitable. Así que me remito al punto primero, de las mentiras piadosas.

Hay veces que la gente te pregunta algo directamente que es personal y sobre lo que no quieres hablar y no se dan por vencidos

Yo personalmente creo que me importa un pito lo que sienta un maleducado. Así que un contundente y respetuoso "Váyase usted un poquito a la mierda", viene muy bien en estos casos. No hace falta mentir.
Hay otra variante: la del que te pregunta ¿qué tal? pero le importa una puta mierda. En este caso, el consabido "bien, ya sabes, poquito a poco", no es mentir. Es una fórmula social construida para hacerte más fácil una conversación banal y absurda. Es como el "parece que va a llover" aunque brille un sol de aúpa.

Hay gente que dice que quiere saber la verdad y luego te la monta cuando la dices.

Entonces, esa gente, no quiere saber la verdad. Así que una de dos: o le dices la verdad y que se joda por empezar mintiendo él, o le mientes con su permiso implícito. Yo de estos, he de decir, que me alejo. Me dan pereza y mucho por saco. Pero entiendo que a veces los tienes en la familia y te tienes que joder. Así que en este caso lo pongo como única excepción. Y porque, insisto, lo que quieren, en realidad, es que les mientas.

Mentir para proteger a los niños

Esta la pongo en grande, porque es la estrella.

¿Debemos mentir a los niños?

Os voy a contar muchas cosas, pero como la entrada está siendo larga, voy a poneros un vídeo aquí, y luego sigo escribiendo. Para que conste, y que luego no digáis que os he mentido, es cutre, de mi móvil, con la mano temblorosa de Javi descojonado, y mis hijas con sus cosas.


 

 






Empiezo diciendo que nosotros hemos mentido a nuestras hijas.
La primera, la mentira más común, más inocua y suavecita: los reyes magos existen.
Cuando decidimos que ya era hora de que Laura supiera la verdad, intentamos suavizarle el tema. Le contamos un cuento precioso sobre los reyes magos, que piden a los padres que sean sus pajes, y le piden a los hermanos mayores que ayuden. Y Laura, como veis, de lo único que se acuerda es de la decepción y del trauma. Lloró durante mucho rato, y terminó "vengándose" en su hermana, que como era muy pequeña, no se enteró.
Lo cierto es que cuando Diana decidió terminar con la farsa, nos dimos cuenta todos de que nos hacía más ilusión salir juntos a comprar, separarnos por parejas para comprar los regalos, y esconderlos todos, manteniendo la ilusión de todos. La mentira fue absurda, y si ahora tuviera otro hijo, le diría desde el primer momento que los reyes somos la familia entera.

¿Y otro tipo de mentiras? Las que se refieren a realidades más gruesas.

Voy a hablar de nuevo de mi tía, perdonadme. Pero es que fueron muchos años de enfermedad, y da para mucho.
La primera vez que a Bego le diagnosticaron el cáncer, Laura tenía 4 añitos. Con el tratamiento perdió el pelo. Yo quería contárselo, pero mi madre y mi tía me dijeron que no. Íbamos a mentirla, y a decirle que aquella frondosa melena era toda suya.
El caso es que un día, después de un ciclo, Begoña estaba durmiendo la siesta en casa de mis padres, en la misma cama en la que murió años más tarde. Para dormir, se quitó la peluca y dejó su calva al viento. Y Laura entró en la habitación jugando y para pedirle a Begoña que saliera ya a jugar con ella. Mi tía se asustó, y se incorporó de un salto, y lo que vio mi hija fue a una señora calva saliendo de mi cama. Le dio un susto de muerte. Tanto es así, que tardó mucho tiempo en volver a acercarse tranquila a su tía, y estuvo meses sin querer ir a dormir a casa de sus abuelos.
Cuando, muchos años más tarde, teniendo Diana los mismos que Laura, mi tía recayó con una metástasis, les dije muy seria que a ella no la íbamos a mentir. Que había que decirle que las medicinas iban a hacer que a Bego se le cayese el pelo, y tenía que verlo. La niña, simplemente, se lo tomó como un juego. Le tocaba la cabeza y se reía. No hubo dramas.

Conclusión

Mi opción sigue siendo la misma: mentir es una estupidez que sólo produce estrés en quien miente, y rara vez produce beneficios. Siempre hay una manera diplomática de salir de situaciones difíciles (o nada diplomática, dependiendo de lo difícil de la situación), y de hecho, en la mayor parte de las ocasiones, en mi historia personal, en el medio plazo la mentira ha terminado liándola aún más.

Así que, haced lo que queráis, lo que os dicte el corazón o vuestra historia o la situación. Yo seguiré intentando no mentir.

 

Edito para decir que finalmente, y ante la imposibilidad de subir el vídeo directamente al blog, he decidido compartirlo en youtube