miércoles, 21 de junio de 2017

A vueltas con las agendas y sus notas (rojas)

Todos los que tenéis hijos en edad escolar, habéis comprado una agenda de esas que se supone que son imprescindibles para que vuestros nenes aprendan a organizarse. De esas que el colegio te recomienda (impone) pero que nadie enseña a usar. De esas que te cuestan un dinero, pero cuyos recursos rara vez se utilizan del todo, y en las que al final, tampoco caben todos los deberes que el niño tiene que apuntar cada día.
Mis hijas, tienen agenda.
La primera en tenerla, claro, fue mi hija mayor. Laura  llega 5 años antes que la pequeña, y nos pilla... pues como nos pilla.
Era una agenda que hacía el propio colegio. Tenía un planning anual, uno mensual, uno semanal y el diario, y al final, había unas notas para comunicaciones con los profesores, justificante de faltas, etc.
El caso es que las notas para las comunicaciones no se usaban, porque esas comunicaciones se hacían en el hueco del día, y los justificantes de faltas, se arrancaban, así que si en cada página se suponia que había 4 (dos en el anverso y dos en el reverso), al final tenías que imprimir los justificantes descargados de la secretaría del centro.
Ya en aquel momento, que yo veía a Laura a veces con pocas ganas de ir al cole, empecé a escribir algunas notas en su agenda. Daba para poco, porque el sitio estaba muy restringido, pero bueno, al menos para un "me acuerdo de ti", o "estoy contigo aun cuando no me ves"... Pero dejé de usarlo, porque aunque había veces que el hueco del día estaba vacío, otras apenas cabía lo que tenía que escribir. Así que ante la duda, pues esas cosas intentaba decírselas de palabra. Que ya os digo yo que no es igual.

Cuando Laura llegó a 1º de Secundaria, entre todo el descontrol emocional de aquel año, cuando descubrió el concepto "Altas Capacidades", y lo que ello suponía, se puso a buscar herramientas que la ayudasen a ordenar la maraña que pensamientos e ideas que la apabullaban en su día a día, y que le impedían llegar "del punto A al punto B sin perderme por todo el puto abecedario en medio". Y encontró varios métodos para construirse una agenda. Entonces me pidió un cuaderno en blanco, mejor con líneas, donde ella pudiera escribir, organizar, dibujar... Probó varias configuraciones, hasta que vio lo que mejor le funcionaba: un calendario pequeño, en el que estuvieran sólo los días lectivos, y en el que poner fechas de entrega de trabajos o exámenes, o excursiones, con un código de color para distinguirlos de un vistazo. Y luego el diario, donde apunta, con un código de signos, deberes, recordatorios, frases que se le ocurren, y si le apetece dibujar, pues dibuja. El diario es flexible, por lo que unos días le ocupa una línea, y otros, dos páginas.
El caso es que este método me moló mucho para que Diana, la pequeña, empezase a aprender, no sólo a organizarse, sino a escribir más pequeño y más cuidado. Y además, me permitía volver a escribir frases.

Al principio, eran frases cortas, en un cuaderno pequeñito de pauta, un experimento. Tipo esta:
 
 
Como vimos que funcionaba, que se organizaba mejor, y que para ella era una buena herramienta, el nuevo año trajo nueva agenda, mucho más chula. Y los mensajes empezaron a ser más concretos, a decir más cosas. Reconozco que a veces me paso, porque dependiendo del día, puedo escribir parrafadas enormes.
 
El caso es que empezó una nueva costumbre.
Cada mañana, justo antes de que Diana se vaya por la puerta, le reviso la agenda, y pongo la nueva fecha... y algo para ella. Y he descubierto que es muy útil en nuestra comunicación y en sus aprendizajes.
Primero, porque siente que su madre está aun cuando no está. Si le pasa algo, si se siente mal, sólo tiene que abrir su agenda y ver mi letra. Soy yo.
Segundo, porque no hay mejor premio que un elogio. Cuando ha conseguido escribir mejor, organizarse mejor; cuando se esfuerza y la ves crecer; cuando recoge sin que se lo diga; cuando nos regala sus sonrisas.
Tercero, porque cuando hay un enfado y nos decimos cosas "feas", doy oportunidad a la noche a colocarlo, y a expresar lo ocurrido de manera más racional y menos visceral al día siguiente; y ella ve que "organizarse" no es sólo organizar el trabajo, u ordenar un cuaderno; organizarse es también restablecer el orden interno.
Cuarto, porque cuando a veces pasa algo malo en el cole, ver escrito al día siguiente, con menos carga emocional, lo que hemos intentado enseñarla "en caliente", hace que entienda mejor lo que ha de aprender.

Y hay una cosa más.

Siempre, cada día, le escriba algo serio o alegre, colocando enfados o enhorabuenas, siempre, termino mi frase con un "Te amo".
Porque siempre, haga lo que haga, pase lo que pase en el colegio, discuta o no, la riñan o la elogien, sea brillante o meta la pata; siempre, puede abrir la agenda sea en el día que sea y ver esas dos palabras escritas. En rojo brillante, destacando del resto de cosas, resaltado por encima de deberes, notas de profes, resultados de exámenes, firmas de padres. Por encima de todo, está un Te amo.