viernes, 25 de noviembre de 2016

Respiraciones

- Mami, tengo frío. ¿Te quedas un ratito y me das calor?



Hace más de un año que mi hija pequeña se fue de la cama familiar. Hasta que ella se fue, la cama había estado ocupada siempre por tres o cuatro cuerpos, durante 13 años. Una cama grande, para que cupiésemos todos.


Reconozco que hubo un momento, cuando estábamos los cuatro y las niñas ya eran mayores, que tuve un agobio. Somos dos adultos grandes (muy grandes) y cuando Laura tenía 11 años y Diana 6, no importaba lo que midiera la cama: yo dormía de lado en un escorzo imposible, así que fue un cierto alivio que la mayor dijera "ahí os quedáis que yo me largo". Pero cuando Diana decidió, con 8 años, que ella también se iba, me di cuenta de lo enorme que es nuestra cama.


-Nenita Nana, ¿así? ¿Te duermes?
- Un ratito más, mami.


Dormir con los hijos es una elección personal. No es ni bueno ni malo hacerlo o dejarlo de hacer. Para mi no fue nada poético lo de dormir con ellas. No se trataba de hacer de madre amorosa que da la espalda al marido para centrarse en las crías. Se trataba de supervivencia. De toda la familia.
Laura se despertaba casi cada hora por la noche. Javi y yo nos turnábamos: él hasta las 4 de la mañana y yo de ahí en adelante, porque él trabajaba por la mañana, y yo podía dormir un poco al ritmo que ella marcaba. Aún así, era agotador.
Y un día, después de un intento horrible de "estivilizar" a la niña, decidimos meterla en la cama con nosotros. O eso o la muerte por falta de sueño. Y de repente... ¡dormimos todos!
Con Diana ni me lo planteé, claro. A la cama de mamá y papá desde el principio. Una cama que, ya con 4 miembros de la familia en ella, pasó a llamarse "familiar", para siempre.

- Nenita Nana, ¿ya está?
Respiraciones


Estábamos tan pendientes de dormir y descansar todos, nos hemos acostado siempre tan cansados por la vida y por las niñas, que nunca nos hemos parado a disfrutar realmente de su presencia. Es triste que yo me diera cuenta de lo que eran mis hijas en mi cama cuando se han ido y la cama me ha parecido tan grande.
Pero antes de anoche, estaba ahí, en la cama de abajo de la litera, compartiendo el nórdico con la peque, haciendo las veces de "calienta cama", y me he quedado en la oscuridad de su dormitorio, sin querer ni poder dormir, simplemente escuchando.


La respiración fuerte de Laura en la cama de arriba. Acompasada y tranquila, de sueño plácido. Pero fuerte. El asma. El frío. 
Y la respiración suave e igualmente acompasada y tranquila de Diana, a mi lado.


He estado un rato largo simplemente escuchando sus respiraciones.


Y he sido feliz.