lunes, 21 de noviembre de 2016

La mirada

Hoy me he levantado con prisa. Más que habitualmente, quiero decir. Tocaba ratito en el banco, y como no se puede predecir el tema colas, quise tener todo a punto a las 9, que es la hora del cole.
A las 9 menos cinco, miramos por la terraza, y ahí estaba: el final de un arcoiris. Lo miramos durante un minuto y Diana me preguntó si se vería desde la calle. Seguro. Y bajamos.


El arcoiris de hoy era perfecto. Durante unos minutos, desde la calle se veía el arco entero, con todos sus colores definidos y brillantes. Y justo por encima, después de una nube gris, otro arcoiris más oscuro, como si fuera un eco del primero, o una sombra.


Los niños iban al cole a trompicones, sin querer dejar de mirar el arcoiris, pero azuzados por los padres, las prisas, el vamos que no llegamos.
Es curioso que la mayoría de los adultos ven perfectamente las cacas de los perros (ajenos) en el suelo, pero si les preguntas cómo era el arcoiris de hoy, ni se habrán dado cuenta de que estaba ahí.
De repente, una mirada amiga: "¿Lo habéis visto?. Por supuesto, jeje." Pero también hay prisa. Yo también tengo prisa.


De vuelta del colegio, de camino al banco, lo tengo de frente. Nunca he visto un arcoiris tan perfecto, tan de libro. Pero nadie lo está mirando.


¿Sabéis por qué hoy no hay foto? Pues porque, aunque pude pararme y hacerla, y mostraros aquí lo alucinante de lo que he visto, no me he atrevido. Entre tanta mirada adulta, ciega a los colores, me ha dado vergüenza que me vieran así, niña y sorprendida.


He continuado mi camino hacia el banco, mirado de reojo y disimuladamente el arcoiris más alucinante que he visto jamás.