viernes, 18 de noviembre de 2016

A vueltas con trabajos y cuidados

7:00 AM.- Javi me despierta con cariño. Odio esta hora. No puedo...
7:15 AM.- Ducha rápida. Hay que sacarse el sueño de encima. Javi se va.
7:30 AM.- Preparar el desayuno para Laura, recordarla el inhalador. Esta hija mía tarda una vida en     prepararse.
8:00 AM.- Habitación hecha, ventilada y limpia. Mochila de Diana supervisada. Almuerzo preparado.
8:10 AM.- Diana que se niega a levantarse. Madre mía, lo que llevo respirado hoy y todavía no hemos empezado.
8:20AM.- Vale, ya estamos desayunando. Hay que empezar a preparar la comida o no me va a dar tiempo.
8:30 AM.- Pero, ¿por qué mis hijas se visten tan despacio? Camas de las petardas hechas.
8:45 AM.- Con el pelo de Diana no hay quien pueda. Yo que hago coletas a la velocidad de la luz, pero con ella es imposible. Entre sus gritos y mis encomiendas esto parece Guantánamo.
8:58 AM.- Otra vez llego por los pelos. Ahora a ver si Linda caga deprisa o no me da tiempo.
9:15 AM.- Polvo, escoba, fregona y Fairy. Hay que tender la ropa y poner otra lavadora. ¡Y la comida sin terminar!
9:45 AM.- Me concentro en la comida. Espero no perder el autobús.
10:00 AM.- Llego al bus. Ahora hace falta que el bus llegue a mi.
10:08 AM.- Ya llega tarde el cabrón. Me quedo sin poder coger el otro bus en el centro.
10:31 AM.- Ahí está mi segundo bus alejándose. Toca ir corriendo.
10:50 AM.- Llego a casa de mis padres. Bajón. Cuando ves a tu padre, un hombre grande y enérgico, así, tan pequeñito en el sofá, con el pijama, dos camisetas, los zapatos y el abrigo, cuesta poner la sonrisa y coger fuerzas para el resto de la mañana.
10:55 AM.- Glucemia: bien. Hay que hacer la cama. Toca cambio de sábanas. Superviso lo fregado de la cena de ayer y el desayuno; guay: hay que volver a fregarlo.
11:15 AM.- Lista de la compra. Es curioso lo divertido que es comprar para personas mayores, aunque sean tus padres. Yo me meto en el super y compro todo y punto. Aquí, al super se va a por unas cosas, el jamón y el queso es de una carnicería, los filetes a otra, que son mejores, la fruta en la frutería del barrio. Ya soy la "niña del carrito". En hora y media de compras me recorro 5 kilómetros.
12:45 AM.- Subo el carro y me encuentro a mi padre vestido (más o menos) discutiendo con mi madre porque quiere ir a "ver enfermos". Respiro, tranquilizo a mi madre e intento averiguar qué narices es eso de "ver enfermos". No lo consigo. Ya le tengo cabreado, pero por lo menos ahora dice que no sale. Dice que no va a salir en la vida ya. Mi madre se disgusta, pero yo tengo claro que esta tarde ya ni se acuerda. Lo bueno del Alzheimer.
1:00 PM.- Hale, ya estamos. He convencido a mi padre de que se afeite y se ponga la dentadura, que así no puede ver enfermos ni a nadie, y en el camino, se ha olvidado de lo que quería hacer y del enfado. Lo que yo decía.
1:15 PM.- Me pongo con la comida. Algo sencillito, y que les quede algo para la cena. Pongo la mesa. Tienen melón, pero no lo van a poder partir, así que les dejo el melón cortado.
1:45 PM.- Sentaditos los dos, cambio las agujas de las plumas de insulina de mi padre. Se supone que hay que cambiarlas cada vez que se usan, pero bueno. Yo las cambio y así sé fijo que se cambian una vez al día. Hago la glucemia de mi padre. Por las mañanas al desayuno, se la hace mi madre y siempre montan un número, porque él se impacienta. Yo voy rápido. Estoy contenta. Lleva unos días con la glucemia bastante estable, y eso también nos falicita la vida a los demás, porque está más tranquilo. Calculo la insulina y se la pincho. Es alucinante, porque yo jamás había cogido una jeringa, y el otro día les puse yo las vacunas; me enseñó su enfermera de cupo y la verdad es que no me pareció difícil. El trago de pinchar, pero a eso ya me he acostumbrado.
1:50 PM.- Sirvo la comida y me pongo a fregar. Mi madre tiene una artritis reumatoide bastante limitante, así que procuro fregar los cacharros más grandes y dejarlos recogidos en sus estanterías, para que ella no tenga que hacer el esfuerzo, o no le tenga que pedir ayuda a mi padre. Ya he tenido que buscar sartenes como una loca y han aparecido en la terraza, o el nescafé del desayuno en el armario de los vasos.
2:00 PM.- Dejo las encimeras fregadas y miro que mi padre se tome todas las pastillas. Tengo que salir pitando, porque no quiero perder otra vez el bus.
2:15 PM.- ¡Bien! ¡Primer bus cogido! El siguiente lo comparto con mi hija... y la mitad de los estudiantes de su instituto
2:30 PM.- ¡Madremiademivida! En este autobús no hay quien pare. Va a retaque, sin que quepa ni un solo alfiler. Se tarda tanto en que suban y bajen pasajeros, que un viaje de 20 minutos tarda 30 en hacerse. Diana tiene que salir sola del cole, con sus llaves, y nos espera en casa hasta que lleguemos.
3:00 PM.- No hay descanso. Laura saca a la perra, mientras yo pongo la mesa y caliento la comida. Hay un arroz con verduras que hay que terminar de hacer. Mientras se calienta el aceite me cambio de ropa.
3:15 PM.- Javi llega y nos ponemos a comer. Por fin me siento, aunque sea un momento. Javi tiene dos trabajos. Uno de mañana, en una oficina, jornada completa, hasta las 3 de la tarde. Luego, a partir de las 4, tiene talleres musicales de Primaria, Secundaria y Bachillerato. Tiene como 20 minutos para comer y se tiene que marchar otra vez pitando. Vuelve como a las 8:30-9:00. Y vamos a darle gracias a la vida y que no falte.
3:40 PM.- Javi se va corriendo y yo me quedo fregando. Creo que es lo que peor llevo: fregar. Debe ser porque lo hago como unas cuarentamil veces al día.
4:00 PM.- Las niñas quieren contarme todo, y es todo muy importante, claro. Me siento en el sofá, pero me da igual. Termino con una tía de 14 años, una niña de 9 y una perra encima de mi. ¡Ay, mi siesta!
4:30 PM.- A ver, niñas, no quiero ser árbitro de lucha libre. Se termina la discusión, el drama y lo que sea, y antes de empezar a oír portazos, vamos a ver qué hay que hacer esta tarde. Toca teatro. Chachi.
4:55 PM.- Pitando a teatro. Luego voy al super. No me ha dado tiempo a hacer la compra para nosotros, así que...
5:45 PM.- Laura ya está en la biblioteca. Coloco la compra y saco a la perra otra vez. Vamos a un descampado justo detrás del colegio, y así cuando empiecen a salir de teatro, recojo a Diana.
6:00 PM.- Diana ha decidido ir a la biblioteca también. Debo ser muy mala madre, porque con lo poco que la veo últimamente, me debería apetecer estar con ella todo el rato, pero lo cierto es que ese rato de biblioteca lo agradezco enormemente.
6:15 PM.- Hay costura. Llevo cosiendo unos bolsillos de un pantalón de Javi como media vida. Yo creo que me sale más a cuenta comprar un pantalón nuevo, pero es que tampoco me salen las cuentas. Hay que coser también un jersey de Laura, unos calcetines de Diana y un pantalón de pijama mío. Se jodió la hora tranquila de la biblioteca.
7:00 PM.- Ducha y vuelta a lidiar con el pelo de Diana. Joé, se me ha hecho tardísimo, y dice que tiene hambre. Merienda tardía, verás tú la cena.
8:00 PM.- Me pongo a hacer la cena y a decidir la comida de mañana. Laura se nos ha hecho vegetariana y esto es una coña marinera. Tengo que darle mil vueltas a las cosas para que todos podamos comer de todo y yo no tenga que hacer cien menús diferentes.
9:00 PM.- Llega Javi. Me ayuda a poner la mesa y nos sentamos todos a cenar. Al terminar, entre los dos recogemos la cocina. Un rato para charlar, joé, cómo se agradece. Aunque sea entre platos y trapos.
10:30 PM.- Toca cuentos, arropes y hasta mañanas. Me siento. Mi jornada de hoy ha sido de 15 horas. Echan una peli que me apetece un montón, pero mi cuerpo dice que narices. Javi saca a la perra y se pone a preparar las clases de mañana. A las 11:30 me desconecto.






Escribo todo esto porque hace unas semanas, en un hilo de facebook sobre el hecho de que las mujeres no reciben remuneración por los trabajos del hogar, después de quejarme de que se hablase de "mujeres trabajadoras" como aquellas que trabajan fuera de casa, una de esas mujeres dijo algo así como "nosotras hacemos lo mismo que tú, pero trabajando además fuera de casa". No respondí a aquel comentario, y supongo que esa mujer se quedó muy ufana por haberme puesto en mi sitio y haberse reivindicado a sí misma. Lo cierto es que no quiero discutir.


Y una cosa: soy consciente de que no soy la persona con la vida más cansada ni estresante del universo. Hay mujeres que se levantan antes, que no tienen ayuda para nada, que se ven superadas por situaciones personales que los demás no conocen, aunque las juzguen.


Es verdad que yo podía haber tomado otras decisiones en mi vida. Es verdad que yo podría estar ahora trabajando (bueno, no sé yo tal y como está el percal, pero estamos teorizando). Si yo trabajase fuera de mi casa, habría un montón de cosas que tendría que contratar a otro para que las hiciera. Y otras que aunque otro trabajase para mi, tendría que hacerlas igualmente.
En ese horario de locos de arriba, no está el día complicado en el que hay que ir al médico con mis padres, o con alguna de mis hijas; eso lo tendría que hacer yo igualmente.
Y soy afortunada, porque no sólo es que no sea hija única, sino que tengo un hermano y una cuñada que valen un Potosí; somos una tribu y nos apoyamos. Nos turnamos en muchas cosas, intentamos tirar del carro todos, pero según las posibilidades de cada uno.
Pero cuando pedimos la ayuda a la dependencia, lo que se nos concedió fue la posibilidad de tener un dinero para que otra persona cuidara de mi padre. Otra que no fuese yo. Porque si estoy yo, entonces no hay dinero. Y si decidimos que haya otra persona, son como unos 100 € al mes. Eso es lo que valen los cuidados. O poco o nada.


Hace un tiempo escribí en el otro blog algo sobre los voluntariados y los trabajos no remunerados.
Hablaba de otras cosas, y su último párrafo es este:
Y una cosa más: se hace daño a la voluntaria, porque no se pone en valor, o mejor, se quita el valor de lo que hace. Porque no es lo mismo decir que lo que haces sólo lo puedes hacer de forma voluntaria, y que por lo tanto, tu trabajo no vale nada, que decir que tu trabajo vale un dinero, pero que tú en ese momento, lo quieres regalar. No es lo mismo ser “una mamá con experiencia”, que como no hace otra cosa, apoya a otras mamás, que ser una mujer formada (y muy bien formada, he de decir), que tiene la generosidad de compartir esos conocimientos con otras mujeres que la necesitan. No es lo mismo.


Y en el tema que me ocupa hoy es exactamente así: asumiendo que los trabajos en el hogar no se pagan, sino que se hacen y punto, estamos asumiendo que no tienen valor. Por eso, las personas que cobran por hacerlo son, al parecer, el último escalafón de la cadena. Sus sueldos son bajos y sus situaciones, especialmente precarias. Cuando la administración me dice: "si te encargas tú, la hija, entonces no te damos un duro", está diciendo que si lo hago yo es porque quiero y porque puedo, y no merezco remuneración alguna. Y cuando además me dice que me da "100 € al mes" para que pueda pagar a otra persona por estar entre 3 horas y media y 4 al día, está dejando claro lo que valen, institucionalmente, esos cuidados.
Reivindicar para que las "amas de casa", las mujeres (porque somos mujeres en nuestra mayoría) cobren un sueldo y/o coticen a la seguridad social, es reivindicar un trato justo a las tareas del hogar y de cuidados, reivindicar un valor para ellas que se transforme en una remuneración justa para aquellas personas que las llevan a cabo.


Y ya que estamos de acuerdo, seguro, en que la mayor parte de estas tareas las hacemos las mujeres, no nos pongamos palitos en las ruedas, ni convirtamos esto en un conflicto las unas contra las otras.