miércoles, 2 de noviembre de 2016

A vueltas con mi historia

Me he propuesto recuperar antiguos post. Una cosa es que abra un nuevo blog para hablar de otras cosas que no son maternidad, y otra cosa es que renuncie, así, de pronto, a todo lo que he sido en los últimos 10 años de mi vida.
El caso es que llevo un fin de semana un poco estresante, y me he dado cuenta de las vueltas que da mi vida. De cómo nada o casi nada de lo que alguna vez imaginé que sería mi vida, se ha cumplido.
Y mira tú por dónde, que releyendo antiguos post, me encuentro con éste:

Soy Yo

Si ahora fuera a contaros esto, empezaría con un largo e intenso silencio…


Estoy escribiendo, y en el negro sobre blanco los silencios son difíciles, yo diría que imposibles, porque significan la no existencia, la nada.
Hoy escribo para deciros que La Teta y Más se reinventa una vez más, pero no.
Hoy escribo para deciros que soy yo, y que no me reinvento, ni me invento: me descubro a mi misma y me comparto con vosotros.

Llevo ya tiempo (meses) un poco oculta. Han pasado muchas cosas en mi vida que me han afectado mucho más de lo que yo creía o estaba dispuesta a aceptar. Y no voy a hablar una vez más de la gente que se me ha ido, las mujeres de mi familia que ya no están y me han dejado un hueco eterno, porque ese hueco, aunque no se llena, se oculta al reordenar la mochila para seguir viajando. No. Son más cosas.
Hace meses me trasladé. Toda la familia nos mudamos a otro lugar, muy cerca de casa, es verdad, a otra casa que también era la mía. Una casa llena de fantasmas, de esos fantasmas buenos que te recuerdan lo que eras y lo que querías y esperabas hace…la mitad de mi vida.
Y la tienda cerró, y con ella, otra parte de la vida que se ha llevado, en prenda, relaciones, emociones, distancias, cercanías. Con aquello hemos tenido que aprender a vivir sin algunos, y pendientes de otros. Hemos tenido que aprender a vivir con la sensación de haber perdido mucho más que la tienda, porque han aflorado sentimientos que a nadie le gusta tener presentes.
De repente, todo lo que yo era ya no estaba. El caso es que nunca he sido más que lo que hago. Es complicado.
Raquel García ha sido periodista, hija, hermana, prima, sobrina, amiga, esposa, madre, tía, gerente de una tienda, asesora, … Me he definido siempre por lo que hacía o lo que quería hacer, y nunca, jamás, me había tomado el tiempo de pensar en lo que soy: mujer. Y he tenido que llegar a un momento de mi vida en el que el lugar en el que estoy hace menos inmediato el contacto con las amigas, con mi madre, … En que mis hijas ya no necesitan mi presencia constante … En que el negocio ya no tiene un lugar físico al que acudir cada mañana. Ha tenido que ocurrir todo eso en mi vida para verme en realidad, sin las cosas que hago, y tener que obligarme a buscar lo que soy de verdad y cómo es esa mujer que me mira desde el espejo cada mañana.
El caso es que todo esto  ha ido formando en torno a mí una especie de crisálida de apatía, que cada vez era más densa. En lo personal, en mi yo de más adentro, me ha resultado difícil organizar mi tiempo, no quedarme perdida en mitad de algo, con la mirada hacia algún sitio del que no era, ni soy, consciente. Y en lo demás…
(...)
Pero ya.
De repente hubo un día en que me di cuenta de que había un trocito de seda de la crisálida menos densa y que dejaba pasar la luz. Y en cuanto quienes me quieren han visto que empezaba a verles, se han puesto delante para que tomara conciencia de ello.
Y mi comadre del alma me dijo con sus acciones que confía en mi y que tire.
Y otra comadre, a la que no he puesto piel, pero sí muchas horas de letras, me dice que quiere que esté con ella y me ofrece el mejor regalo envuelto en la caja  de una formación que me ha devuelto ganas.
Y empiezo a pensar: yo soy otra, soy Raquel, la mujer que necesita saber, que mira con curiosidad, que adora compartir, para la que es imprescindible conocer cosas nuevas a cada momento. Soy Raquel, ya no soy La Teta y Más, sino que La Teta y Más es la puerta de mi casa, donde estoy yo, Raquel. Soy Raquel, la que es feliz cuando otra mujer se mira en sus ojos y se encuentra en ellos.

 El 4 de febrero de 2015, mi padre fue al hospital a someterse a una prueba rutinaria, pero algo salió mal. Tiene muchas complicaciones, muchas patologías que hacen que en realidad, nada de lo que se le haga en el hospital sea "rutinario", y el alzheimer, presente en su familia, ya había empezado a mostrarse.
Como consecuencia de una colonoscopia, entró en coma diabético y salió de él, de milagro, y con el alzheimer dando su cara más amarga, como si hubieran pasado 5 años de enfermedad.
Y mi vida volvió a cambiar.

En aquel momento, el camino que comencé con la escritura del post de arriba, empezaba a dar sus frutos. Pero lo dejé todo.
Entendedme bien: no siento que haya renunciado a nada, ni lo cuento con amargura. Hice lo que sentí que debía hacer en ese momento, y además no estoy sola. Tengo la enorme suerte (menos mal) de tener una familia cojonuda. En el whatsapp: Los 4 Mosqueteros. Somos mi hermano, mi cuñada, mi marido y yo. Turnándonos para que las niñas no estén desatendidas y mis padres estén cuidados. Y en aquel momento, la que podía dedicarse a ello, simplemente era yo.

Sigo siendo Raquel. Una más: la cuidadora. Y siento que esta vez no me he perdido, porque cuando empezó esta (nueva) aventura, yo por fin había conseguido encontrar en mi esa esencia. Pero también digo que estoy cansada.
Cansada de sentirme bamboleada por la vida, como si en el fondo no tuviera yo nada que decir ni qué decidir en aquello que me toca vivir. Y no voy a negar que me jode. Mucho.

Me jode coger carrerilla hacia una meta, y que la meta cambie. Me jode parar para tomar perspectiva a cada paso del camino, por si el camino ha cambiado. Me jode el cansancio de bregar hacia no sé todavía dónde.

Y hay veces que se nota mucho. Hay veces que me toca parar, descansar, llorar, quejarme, verme otra vez a punto de romperme. Pero es para poder seguir, nada más.

No sé por qué me ha salido del alma contaros esto. Debe ser que tanta política y tanta mierda pública me hace a veces perder la perspectiva de lo que significa mi pequeño cuadrante de vida.
Y de vez en cuando, sólo de vez en cuándo, tengo que volver a salir yo misma para tomar aire, como las ballenas, y seguir navegando en alta mar.