jueves, 3 de noviembre de 2016

A vueltas con los deberes

No sé si os habéis enterado, pero por si acaso, ya os informo yo.
CEAPA (Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos) este año se ha puesto las pilas, y después de convocar la Huelga General de Educación convoca ahora una Huelga de Deberes.
Soy un poco pejilguera, así que el cartel no me motiva mucho, porque de entrada, sí parece que pauta "deberes" aunque no sean académicos, para cada uno de los fines de semana de noviembre, y bueno, yo soy mucho de hacer lo que me dé la gana, especialmente los fines de semana. Pero la esencia está bien: hacemos huelga de deberes. Ya te digo yo que vamos a tener problemas con el tema, y lo digo desde la experiencia.
Pero vayamos por partes.

¿Por qué se ponen deberes?
Ni pajolera idea.
No lo sé. De verdad.
Llevo intentando encontrarles explicación desde que la que tenía la obligación de hacerlos era yo, allá por el Jurásico.
Quienes están a favor de esta forma de tortura psicológica infantil familiar, dan tres supuestos motivos:
1.- Es una forma de ver en perspectiva, pasadas unas horas desde que se imparte la asignatura, si el alumno ha entendido o no la materia que se ha dado en clase
2.- El alumno termina las tareas que no ha podido, por la razón que sea, terminar en clase.
3.- Ayuda a crear un hábito de estudio.
Hay una cuarta, peregrina al máximo, que yo he escuchado a alguna profesora, que es, atención, para que los padres pasemos tiempo con nuestros hijos. Vamos, que a la chuminada esa de "tiempo de calidad", le tenemos que sumar el "haciendo matemáticas"; y a ver si alguien me cuadra la frase, porque a mi así, tal cual la veo, me parece un oxímoron como una catedral: "Tiempo de calidad haciendo matemáticas". Ole ahí.

Vale, yo respondo punto por punto, menos a lo de pasar tiempo con nuestros hijos, que a eso me niego por evidente.

1.- Por un lado, me pregunto si esas horas que pasan para ver si se ha entendido o no, no podrían ser al día siguiente en clase. Un ratito al principio de repaso de lo del día anterior, para ver si hay o no hay dudas. Por otra parte, y ya con la experiencia de la práctica, no le veo sentido porque, cuando el niño no lo ha entendido, terminamos siendo los padres los que nos buscamos la vida para intentar explicar al niño las cosas, porque al final resulta, que muchos profesores riñen a los niños si no han hecho los deberes, aunque se les diga que no se ha entendido. He llegado a oír decir que algún profesor prefiere unos deberes mal hechos a unos sin hacer por no haber sido entendidos. Y ahora la que no entiende soy yo.
A mi, esa situación de entrada me parece generadora de una terrible desigualdad, porque habrá padres que tengan una formación que les permita atender a esa necesidad de explicar parte de la materia, y padres que no la tengan; habrá padres que a pesar de tener la formación suficiente no tengan el tiempo, y los habrá que sí. Habrá padres que no tengan tiempo, pero sí dinero para pagar a un profesor de apoyo, y otros que ni lo uno ni lo otro.Y por otra parte, y ya que estoy en el grupo, afortunadamente, de quienes sí tienen esa formación y el tiempo, me gustaría que alguien me pagara una parte del sueldo de los profesores, puesto que yo me veo en la obligación de hacer parte de su trabajo. Se lo dije una vez a una profesora de inglés, que se rió mucho por la ocurrencia, pensando que era una broma. Diana había "suspendido" un examen de vocabulario, y ella nos dijo que tenía que repasar con nosotros; el siguiente examen sacó un 9; ese 9 nos pertenece a nosotros, no a su profesora.

2.- Esto de terminar en casa lo que no ha dado tiempo en el colegio, me parece mal. Así, suavemente lo digo. Es una forma de fagocitar el tiempo en casa. Mire, no. Mi casa es mi casa, y aquí tiene que dar tiempo a otras cosas. Tiene que dar tiempo a mimos, a charlas, a no hacer nada, a ver la tele, a leer un libro, a aburrirse, a ver llover. Y si no me da tiempo a todo, no voy al colegio a decirle "mire, que ayer, con eso de hacer lo que no dio tiempo en mates, pues no nos dio tiempo a ver la serie que estamos viendo juntas, así que me vengo aquí con la tableta, a recuperar el tiempo". (Ya, ya sé que está muy mal, y es de ser muy mala madre, lo de ver la tele, o no hacer nada o dejar que se aburran, pero vamos, que eso también forma parte del tiempo libre, y creo que a veces es saludable. Y que además, en  mi casa mando yo, leñe ya). Y además, y en lo que se refiere a hacer trabajo de clase en casa, me remito a lo dicho en el punto anterior: que quiero parte del sueldo de un profesor, si es que me veo obligada a hacer parte de su trabajo.

3.- Vamos, no me jodas. ¿Me estás diciendo que obligar a un niño de 6, 7, 8 años a estar otras dos horas (en el mejor de los casos) sentado agobiado, va a hacer que cuando tenga 18 y vaya a la universidad (quien vaya y pueda permitírselo) tenga "hábitos de estudio"? Y una mierda. Yo tuve deberes toda mi puta infancia y cuando llegué a la universidad no tenía ni repajolera idea de cómo ponerme a estudiar. Así que no. Pero me gusta la idea: propongo que la hora de religión se dedique a impartir "técnicas de estudio". Eso sí que es práctico.

Otra cuestión:
Entonces, ¿no son buenos los deberes?
Pues mira, resulta que desde el punto de vista académico, de hecho parece que podrían ser contraproducentes. ¿A que alucináis? Pues resulta que en Finlandia, por ejemplo, una de las cosas que primero se hizo cuando se decidió elaborar un plan para mejorar su sistema educativo (que os recuerdo que en este momento está entre los mejores del mundo) fue eliminar los deberes. Mirad este vídeo, por favor, que es cortito:

El éxito educativo de Finlandia Michael Moore from ateo666666 on Vimeo.

Os voy a dejar ahí, dándole vueltas.
Porque no es eso todo: desde el punto de vista de la salud, va a ser que tampoco aporta beneficios. O así lo asegura la Organización Mundial de la Salud.
Según el informe emitido por la OMS, el impacto negativo sobre la salud de los niños, además, se va incrementando a medida que van accediendo a cursos superiores. Para pensárselo.

 ¿Y entonces?
 Entonces, nada.
Entonces, hay profesores que se enrocan en el "siempre se ha hecho así", y no les da la gana plantear otra cosa, porque eso es salirse de su zona de confort. Y  lo que es peor: muchos padres están en el mismo sitio.
Hace no mucho tuve una conversación con una prima mía. Ha sido siempre maestra en colegios rurales, y desde siempre fue contraria a los deberes. Estoy hablando de una persona mayor, que se jubiló hace unos años, que estas cosas no son innovadoras. Bueno, pues recibía quejas de padres porque su hijo no llevaba deberes a casa.
Tenemos la extraña certeza de que los deberes son condición imprescindible del éxito escolar, y no nos damos cuenta de que los niños que tienen éxito, lo tienen no gracias a los deberes, sino a pesar de ellos. Y que hay niños para los que seguir repitiendo una y otra vez hasta el absurdo operaciones y cuestiones a veces lo que hace es hartarles y confundirles, y no fijar conocimientos
Y hay más:
Hay familias que lo tienen como una segunda conciliación: mientras el niño está haciendo deberes, no está reclamándonos. Pero de conciliaciones ya hablaremos.

El problema
Por supuesto, yo voy a proponer la huelga de deberes. Llevo en huelga de deberes desde hace años, pero no se me arregla. ¿Y sabéis quién es mi mayor esquirol? Mi propia hija pequeña, que se agobia, se enfada y se aturulla con los puñeteros deberes, pero se siente mal cuando no los hace, porque hay una profe que la riñe delante de sus compañeros. No importa que esa profe sepa que cuando Diana no lleva los deberes es porque a mi no se me ha puesto en las narices, que la riñe a ella. El año pasado tuvimos muchas conversaciones con ella porque las notas en la agenda hacían que la niña se sintiera ansiosa, y nos dijo cosas tan divertidas como que si le pone deberes a todos no va a hacer que la niña se sienta rara por no ponérselos (pues no se los pongas a nadie), o que las notas en la agenda son obligatorias también para todos los niños y  no puede hacer excepciones, y la mejor, que la niña estaba nerviosa porque nosotros no queríamos dar nuestro brazo a torcer, y colaborar con ella en la educación de nuestra hija. 

Y es que no. 
Yo no colaboro en la educación de mis hijas. La educación de mis hijas es responsabilidad mía, y busco ayuda para que sea más completa en un centro, en un sistema. Un sistema que, por cierto, falla más que las escopetas de feria.

Pues eso, que huelga de deberes, si mi hija me lo permite.