lunes, 28 de noviembre de 2016

A vueltas con "lo nuestro" o sobre por qué las mujeres deberíamos recuperar el control


¿Por qué las mujeres somos "ciudadanas de segunda" en este mundo? ¿Qué hemos hecho o no, para generar tanto odio hacia nosotras? ¿Por qué tienen tanto miedo de que seamos libres e independientes? ¿Tanto queremos agradar al sexo opuesto que nos ponemos zancadillas entre nosotras? ¿ En realidad necesitamos que "nos cuiden"?
Este es el mensaje que me envía a través de mi muro, una amiga que responde a mi pregunta sobre qué escribo ahora. Son muchas preguntas, pero un sólo tema. Y es difícil, amiga. Mucho.


Hay una teoría sobre el origen de las culturas, muy seguida por antropólogos y psicólogos, que dice que en el principio las sociedades se constituían como matriarcados. No se había establecido la relación entre sexo y procreación, y se consideraba a las mujeres seres mágicos que se comunicaban con los dioses y eran capaces de crear vida. Los hijos eran de la tribu, y las mujeres eran veneradas. De estas creencias quedaron luego las figuras de las hechiceras, las mujeres medicina, las brujas, ...


Con el paso del tiempo, el ser humano se asienta, descubre la agricultura, y se empieza de dar cuenta de que sí que hay una relación entre sexo y embarazo. Con los asentamientos llega un concepto que hasta ese momento no existía: el de propiedad; y con la propiedad, llega la herencia. ¿A quién dejamos esas propiedades? Y con el descubrimiento de la paternidad, llega el cuestionamiento sobre si me tengo  que cuidar al hijo de otro. Todo esto llega más o menos al tiempo, y ahí empieza la desdicha de las mujeres.


Primero, el asegurarse de que el hijo es de uno y no de otro, es decir, el control de la natalidad de la prole propia, y luego, con los primeros conceptos de Estado, el control de la natalidad del conjunto de la sociedad.


En nuestros vientres y en nuestras manos está el futuro. Para saber eso no hace falta ser filósofo ni experto en física cuántica o en economía mundial. Si nosotras estamos controladas, el futuro está controlado. Entonces y ahora. Por eso los gobiernos más liberales (empleo el término económico, que suele coincidir con los menos liberales en lo político, aclaro), son los que tienen legislaciones más duras en cuanto al aborto, por ejemplo.


Con la idea de la paternidad única y de la propiedad, empieza a entrar algo en el subconsciente de todos: si el hijo es mío, y quiero asegurarme de que lo sea, entonces la mujer que me lo da, también tiene que ser mía. Y en ese concepto de posesión está todo: si es mía, puedo hacer lo que me dé la gana con ella. Si es mía puedo ponerle precio. Si es mía, puedo disponer de su cuerpo cuando me plazca. En las sociedades neolíticas, esas que tanto nos escandalizan porque fíjate tú qué malos son y qué machistas, perviven prácticas que ahora vemos como aberrantes, aunque en nuestra historia tampoco están tan lejos cuestiones parecidas: la compra de la mujer, la ablación como forma de control (una mujer que no siente placer no se va a ir a buscar sexo con otro), los burkas, ...
En la nuestra, mucho más avanzada, dónde va a parar, son otras cuestiones. Las que ahora vemos con reprobación (afortunadamente) son las que terminan en el telediario. Pero hay otras cuestiones de control, y donde más se ven es en el momento de la maternidad. Porque es ese hecho, la maternidad, la natalidad, el que está en el fondo de todo, aunque no lo sepamos. Son como el gato de Sócrates, que nadie sabía al final por qué había que atarlo. Pero lo ataban.

Sabéis que me gusta compartir post antiguos, darles una vuelta, o no. Y de todas estas cuestiones hablaba yo hace años en un proyecto que al final no cuajó, que se llamaba "La Magia de las Mamás":

La magia de la Diosa




Hace miles de años las mujeres se reunían formando Círculos, en lugares mágicos para sus tribus. Solían hacerlo a la luz de la luna llena, conscientes de que sus cuerpos se regían, más o menos, con los mismos ciclos que el astro, a quien adoraban como una Diosa de la que emanaba el poder, la magia de la vida.


Algunas de esas noches se señalaban en las tribus; solsticios, equinoccios, quizás algún eclipse, alguna luna roja. Entonces a esas reuniones se unían los hombres de las aldeas y se ofrecía a la luna una fiesta basada en ritos sexuales; se pedía a la Diosa fertilidad, que las mujeres concibieran.
Naturalmente, a ninguno de los presentes en aquellas fiestas se les pasaba por la cabeza pensar que era precisamente el sexo lo que hacía que las mujeres quedasen preñadas, sino que era la Diosa quien, agradecida por los ritos, les concedía el don de la vida.
Era un tiempo en que ellas eran veneradas, escuchadas y a veces temidas; eran consideradas seres mágicos, tocadas por la luna con el don de dar vida, y gracias a ellas las culturas pervivían.
Pero con el tiempo, se descubrió el secreto; no era la Diosa Luna quien regalaba vida en los vientres de las mujeres, sino la unión sexual hombre-mujer. Todo mucho más prosaico. Se plantean entonces toda una serie de problemas: los hijos ya no son de la aldea, sino de los hombres, que empiezan a tener posesiones, y que quieren asegurarse de que pasan a sus hijos legítimos, y no a otros.

Es curioso que uno de mis profesores en la facultad, el de psicología, intentaba explicar esto, pero sin sexo por medio; decía simplemente que en un momento dado los hombres se dieron cuenta de que era importante mantener la herencia, y por eso se pasó del matriarcado al patriarcado.
Y con eso, se acabó con la Diosa. ¿O no?
El caso es que siempre ha habido hechiceras, incluso en sociedades claramente patriarcales; siempre parece haber una figura, que en la mayoría de los casos, por cierto, es maligna (la bruja, la hechicera, la perdición…). Es como si esas sociedades fueran conscientes de que es imposible arrebatar la magia femenina, y por eso se transforma en algo pernicioso. No imaginéis sólo una tribu africana con su hechicera medio desnuda y llena de tatuajes y abalorios, que no. Pensad en Eva, que con su “magia” embaucó a Adán para que se enfrentase a Dios; en la serpiente (Ella, la Serpiente) que convence a Eva de que incumplan la ley del paraíso; en María Magdalena (esta da para capítulo aparte, porque se la identifica con la prostituta, y resulta que no lo es ), una “mala mujer” salvada por un hombre. Durante la inquisición, se quemó a muchas mujeres bajo la acusación de “brujas”, muchas de ellas, matronas, mujeres sabias, conocedoras de remedios naturales y, sobre todo, sabedoras de los dones mágicos femeninos.

Y pensad ahora en el hoy, en cada vez que alguien os hace de menos. En la época de la igualdad, ¿cuándo se menosprecia a las mujeres? ¿Cuándo se las ignora, infantiliza, manipula? ¿Cuándo se las silencia?
Pensad en vosotras. Habrá de todo entre las que me leéis: periodistas, abogadas, ingenieras, médicos, juezas, banqueras, economistas, vendedoras, limpiadoras,…
Pensad ahora en vuestro día a día, en el trabajo, con vuestros compañeros, vuestros jefes; quizás incluso seáis vosotras las jefas…
Pensad en las decisiones que tomáis en vuestra vida y en vuestro trabajo, cuáles son, de qué calibre, con qué alcance.
Pensad en lo que os dice vuestro entorno de esas decisiones, cómo se valoran, cómo se critican, de qué manera se rebaten se aceptan.
Dejadlo ahí un momento. Sostenedlo en vuestra mente, recrear las situaciones.
Bien.
Ahora recordad el momento en que os enterasteis de que estabais embarazadas. Ese momento mágico (porque se trata de magia) en que veis el positivo en el test de embarazo. Probablemente sentisteis una mezcla de miedo y emoción, una especie de “no hay vuelta atrás, pero bien por ello”. ¿Lo tenéis? Sostenedlo también un momento.
Pensad en las decisiones que tomasteis en ese momento, en a quién acudisteis, cuáles fueron vuestras palabras.
Pensad en lo que dijeron en vuestro entorno de esas decisiones, cómo se valoraron, cómo se criticaron, de qué manera se rebatieron o se aceptaron.
Haced lo mismo con la crianza de ese hijo una vez fuera de vuestro vientre, con su educación cuando creció un poco.
¿Hay diferencias?
Ojalá no. De verdad, ojalá cuando lo analicéis, hayáis sentido el mismo respeto por vosotras como madres que por vosotras como profesionales. Ojalá vuestro entorno os valore y respete.
Pero desgraciadamente la mayoría de vosotras habréis notado diferencias.
Probablemente os hayáis sentido cuestionadas, incluso presionadas para abandonar vuestras decisiones. Probablemente os hayáis sentido infantilizadas, menospreciadas, …
¿Por qué?
¿Por qué mujeres capaces, grandes profesionales, que toman cada día importantes decisiones que nadie cuestiona, se convierten, durante su embarazo-maternidad en una especie de muñecas idiotas incapaces de distinguir entre el bien y el mal, poniendo así constantemente su vida y la de su hijo (y su futuro) en riesgo constantemente?
Yo tengo una teoría:
Hemos conseguido la igualdad jurídica (quede claro que me estoy refiriendo a nosotras, las mujeres del llamado “primer mundo”); estamos próximas a conseguir la igualdad laboral (sí, ya sé que todavía queda, no me seáis quisquillosas; pero lo cierto es que cada vez más mujeres que ocupan cargos de responsabilidad en grandes empresas). ¿Cuándo no somos iguales? ¿En qué momento queda patente e irrenunciable nuestra condición de mujeres? Pues es en ese preciso momento cuando todo el mundo deja claro que estamos en inferioridad de condiciones, que no podemos decidir de manera consciente, nos convertimos en imbéciles.
Y es que, salvo deshonrosas excepciones, cuando alguien busca un abogado, le importa un pito que sea hombre y mujer, lo que quiere es que sea eficiente; pero si una MUJER se atreve a decidir qué es mejor para su cuerpo, para sus hijos, entonces ahí debemos actuar con cuidado: si la decisión va acorde con lo que opina la mayoría, con lo socialmente aceptado, bien, estamos siendo “buenas chicas”; pero si se nos ocurre plantear una alternativa… Pues eso, que la Santa Inquisición, nos quema. A la hoguera. Por brujas.
Y lo más gracioso del tema es que lo “socialmente aceptado” va, muchas veces, en contra de toda lógica y sentido común. JE
Porque vamos a ver, ¿qué lógica tiene asegurar que un niño que va en brazos se cría mal, y que se cría mejor el que es llevado en un carricoche? ¿Cuánto hace que hay carricoches? ¿Cómo iban los niños que no sabían andar antes de que se inventasen los carricoches? ¿Arrastras? ¿Qué forma había entonces para criar bien a un niño? ¿Mantenerlo encerrado en casa, sin salir de la cuna? ¿Y cuando no había casas? ¿Se dejaba al bebé solo en una cueva para criarlo bien? A no, espera, que igual así el niño moría. Adiós especie.
Otra. ¿Qué lógica tiene asegurar que es mejor que, a partir de cierta edad, un niño crece más y/o mejor a base de leche artificial? ¿Qué se hacía con un bebé antes de que Nestlé naciera? ¿Se le ponía bajo las ubres de una vaca? ¿Una loba, tal vez, como Rómulo y Remo? Señores, que eso es un mito. Desgraciadamente, hasta hace no tanto, los niños que no contaban con una teta cerca tenían muchas posibilidades de morir. De nuevo, adiós especie.
Más. ¿Qué lógica tiene asegurar que un niño a partir de 5 meses debe tomar 2 cucharadas de cereales por cada 200 ml. de leche, a partir de los 5 meses y medio debe tomar la papilla de media pera, media manzana, 1 plátano y el zumo de dos naranjas, a partir de los 6 meses empezar con las verduras con 200 gramos de patata, 150 de judías verdes y 50 de zanahoria, a los 6 y medio meter 80 gramos de pollo, altérnalo con otros tantos de ternera a partir de los 7, ponerle 30 gramos de garbanzos a los 8, los miércoles a partir de los 9 meter 100 gramos de merluza, media clara de huevo a los 10, y ¼ de yema a los 11 para ir subiendo la cantidad de huevo hasta conseguir un huevo entero a los 12? ¿Pero es que nadie ve nada absurdo aquí? ¿Soy yo la única? ¿Qué le pasa al niño que su madre se confunde y le pone 35 gramos de garbanzos en lugar de 30? ¿Muere por la irresponsabilidad de la madre?
Podemos hacernos las mismas preguntas con “pecados” tales como el colecho (esta es buena, que si no colecho con mi marido tengo problemas en mi matrimonio, y si colecho con mi hijo, tengo problemas en mi matrimonio. Conclusión: tengo problemas en mi matrimonio. O con el cenutrio que se inventó semejante estupidez. Más con el segundo que con el primero, seguro), o con la disciplina, o con los mimos, …
Pero si a alguna se le ocurre saltarse estas absurdas normas a la torera, y hacer lo que les sale de su útero (en otra ocasión hablaremos de la magia de este maravilloso y energético órgano), son tachadas de irresponsables, hippies (sí, eso es ahora un insulto), cabezas locas y poco menos que malas madres.
Pero ojo, porque si la misma mujer, convertida ahora en ingeniero, propusiera una novedosa manera de hacer un puente, que conservase la seguridad abaratando los costes, por lo menos, se la escucharía, y probablemente si hubiera algo que rebatir se haría desde el respeto, de profesional a profesional y aportando datos técnicos. Y si no fuese así, la mujer podría denunciar por mobbing, que probablemente ganaría y el resto de la sociedad tacharía al compañero y/o jefe de, por lo menos, gilipollas. Si hablas de tus hijos, igual hasta te los quitan.

Desde hace miles de años nos han ido robando la magia, y la hemos ido cediendo. Esa magia creadora, intuitiva, instintiva, que hacía que estuviéramos conectadas con nuestro yo más animal, con la Madre Naturaleza, que nos iba dictando qué hacer en cada momento. Esa magia que nos permitía ver sin mirar, a ojos cerrados, qué era lo mejor y qué no. Esa magia que hacía que el resto nos respetase, que nunca fuéramos cuestionadas, porque habíamos sido tocadas por un don, regalo de la Diosa Luna. Hemos renunciado a él, y ahora deberíamos recuperarlo. 


Tiene años esta entrada. Pero sigue siendo válida así, tal cual.
¿Por qué se nos considera ciudadanas de segunda? Pues porque tiene que ser así. Porque si nos diéramos cuenta de que no somos imperfectas, sino absolutamente perfectas e igual de dignas que los hombres, habría que replantearse muchas cosas. Y no me refiero sólo a burradas que salen de ojo.
Si admitiésemos que una mujer de parto tiene los mismos derechos a ser informada punto por punto que un hombre al que se le va a extirpar una hernia, habría muchas cosas que ocurren a todas horas en las maternidades que no podrían ocurrir. No habría control sobre los productos de nuestros vientres, y lo mismo la cosa empezaba a cambiar. No hubo mejor invento, desde el punto de vista del control de las mujeres en el parto, que decidir que una mujer pariendo está "enajenada" y por lo tanto, no se puede recabar su consentimiento. Eso, y acabar con la partería, oficio eminentemente femenino, y llevarnos a todas al hospital a ser controladas por hombres que practican un oficio inventado por hombres para controlar a las mujeres.
Por otra parte, en este momento las mujeres nos hemos convertido en una base fundamental del sistema capitalista. Mucho del dinero que se mueve en productos absurdos que suponen miles de millones, se mueven "para nosotras": somos feas, imperfectas, envejecemos, las canas nos sientan mal, los michelines son un pecado, nuestra regla huele mal, tenemos pelos en el cuerpo y en nosotras es falta de higiene, ... Si hablamos de nuestra maternidad, es aún más evidente: si no amamantamos gastamos millones en agua embotellada, leche artificial, biberones y tetinas  y todos los derivados. Compramos pañales, ropa que ni estrenamos, cochecitos, cunas, bañeritas, bañeras más grandes, redes antiahogo...


¿Os imagináis que de repente recuperásemos el poder sobre nuestros cuerpos? ¿Os imagináis que nos librásemos de complejos y de problemas? ¿Os imagináis que tuviéramos el control?


Pues eso.