sábado, 5 de noviembre de 2016

A vueltas con las extraescolares

Hablo hoy de las famosas "actividades extraescolares", justo después de dedicar una entrada a darle vueltas a los deberes; al parecer, cuando hablamos de la inconveniencia de los deberes, siempre hay alguien que se empeña en decir que la culpa de la falta de tiempo de los chavales no son, en realidad, las tareas escolares, sino la cantidad de extraescolares que tienen casi todos los chavales. A mi, personalmente, me parece el tema del tipo falso silogismo, o cómo me saco de encima un tema y hago que parezca que en realidad la razón la tengo yo aunque no sea así ni de coña.
Pero como este blog trata, fundamentalmente, de darle vueltas a las cosas, vamos a lo propio con las actividades extraescolares.


¿Qué es eso de actividades extraescolares?
Pues como su propio nombre indica, son las actividades que tienen lugar fuera del horario escolar, pero que están reguladas tanto en la actividad como en el horario. Vamos, que no se tiene por actividad extraescolar comerte el bocadillo viendo Barrio Sésamo, que es básicamente, lo que hacía yo con 6 años.
Eso así, para todos, pero claro, hay distintos usos, más que del término, de las propias actividades.


¿Son buenas las actividades extraescolares?

 

 

Pues mira, no sé. Supongo que depende del color, como siempre. En esta casa los ingresos regulares que pagan, más o menos y como se puede, gastos, comida y libros, vienen de las actividades extraescolares. Mi señor marido es profe-monitor de guitarra, música, rock. Así que, y por aquello de no tirar piedras contra el propio tejado, las actividades extraescolares son cojonudas. O no.
Como madre, no me gustan las extraescolares. Creo que los niños deben tener tiempo para NO HACER NADA. Por mal que suene. No entiendo la necesidad de que niños de 7 años tengan una agenda más completa que la de un político en campaña. De verdad que no. Y para mi, que soy vaga y llego cansada a casa por las tardes, tener que volver a ponerme los zapatos para llevar a la niña a las extraescolares, es un engorro. Pero tengo hijas, y a ellas LES ENCANTAN SUS EXTRAESCOLARES. Es verdad que no van a muchas. La peque va a una sola por esa insidiosa manía que ya digo que tengo de que se aburra cual ostra, que no tenéis ni idea de las aventuras que vive en esta casa, subiéndose a camas y sofás varios, gracias (o por culpa, según si eres sofá o no) de ese maldito tiempo libre y aburrimiento. Y la mayor, lamentablemente, porque sus obligaciones escolares de 3º de Secundaria no le permiten tiempo para vivir. Luego volveré sobre ello, porque ha sido una frase de Laura la que me ha motivado a escribir esta entrada.


Sin embargo, hay muchos chavales, sobre todo en primaria, que van a dos horas diarias de extraescolares de lunes a sábado. Y yo creo que esto es como todo. El uso está bien. El abuso va a ser que no.


Pero, ¿por qué hay niños que van a tal cantidad de extraescolares?
Pues mira, por sus padres. Que sí. Que somos nosotros y sólo nosotros los que al final, por pesado que se ponga el niño, decidimos a cuántas va y a cuáles va. Así que somos nosotros los que encontramos y dejamos de encontrar los motivos para esas actividades.


Yo me he encontrado con padres que creen firmemente que cuantas más cosas sepan sus hijos, mejor. Así que ahí tenemos niños que van a dos o tres actividades deportivas, para que no tengan obesidad (luego les compramos el tigretón, pero da igual), y salen y estudian música, teatro, chino y luego refuerzo para hacer los deberes con un profe. No importa si el niño no coordina ni al saltar a la comba, o si el chino se la repampinfla. El chino es el idioma del futuro. Esos niños llegan al domingo que ni ven. Y les da igual no tener tiempo para hacer deberes, porque una de sus extraescolares es, sin duda, refuerzo educativo.
Aquí voy a hacer un inciso, y voy a utilizar la experiencia de casi 15 años de extraescolares.
Hace, no sé, como 8 años, un cole de León canceló una actividad chulísima que daba Javi de Periodismo en la escuela en la que los chavales sacaban una publicación, para ofrecer una actividad de "estudio dirigido" En otro colegio, hace algo menos, se canceló otra actividad de inglés para niños porque Javi no daba inglés ni repasaba los deberes de inglés, sino que les enseñaba juegos y canciones. Y ya la traca, en un instituto, la excusa para coger a otro profesor es que Javi no enseña partituras.
Por favor. ¿No tienen los niños suficientes horas de "estudio dirigido" o de "deberes de lo que sea" o de "aprendizaje reglado de partituras o de otra cosa", como para amargarles la vida también en lo que se supone que es su tiempo libre?


Otro tipo de padres de los que llevan a su hijo a todo lo que hay son los de la "conciliación". De este tema hablaremos en otro momento, ya lo he dicho. Porque cuando la "conciliación" la paga el niño con más horas fuera de casa, creo que hay que hacer un alto para plantearnos muy seriamente hacia dónde vamos como sociedad.
El caso es que hay niños que entran en el colegio a las 8 menos cuarto de la mañana, en "madrugadores", y salen a las 6 de la tarde cuando acaban las extraescolares. Y a mi me salen 10 horas, no 8.  Así que tenemos niños que pasan más tiempo en el colegio que sus padres en el trabajo.
Y entonces nos encontramos con situaciones como la que viví yo hace un par de años con un padre que se quejaba de una profe de una extraescolar porque había anulado la clase un par de días por motivos personales, y aclaró que lo recuperaría. El señor se quejaba porque a él no le solucionaba nada que recuperaran la hora, que él pagaba para que su hija pasase allí la hora a la semana que duraba esa actividad. Yo, esposa abnegada de profe de extraescolares, le dije que no, que él pagaba porque a su hija le impartieran la actividad en cuestión, y que si necesitaba un guardaniños que podía llevarla a un parque de bolas y pagar por las horas que estuviera allí; que es algo que se hace y está muy bien. Por que, señores, LAS ACTIVIDADES EXTRAESCOLARES NO SON GUARDANIÑOS.
Vale, que me voy. Que esos niños también están agotados, y esos llegarán agotados a casa a hacer los deberes, que no tendrán ni puñeteras ganas ni de deberes ni de na de na.


¿Y los niños? ¿Qué piensan los niños?
Pues no sé lo que piensan la mayoría de los niños. Me consta que los hay que les encantaría hacer alguna extraescolar, pero no pueden por lo que sea. Puede haber motivos económicos de la familia, o porque sobre todo son los deberes. Y esa segunda me jode, mira.
Yo sólo puedo hablar por mis hijas.


Mi hija pequeña va a Teatro. Lo imparte en el colegio una gran profesional, Yolanda. Es una mujer dulce, amable y firme, que les enseña a tener verdadero amor por el teatro. Les enseña cómo se escribe una obra, cómo se construyen personajes, y les enseña a defenderlos. Y cuando vamos a verlos, nos encontramos a nuestros hijos de verdad, con sus limitaciones y todo su esfuerzo, defendiendo una obra con mucho amor. Sólo va a esa actividad, pero no va a renunciar a ella. Le encanta. Le hace feliz. Y yo, personalmente, los miércoles, entre los deberes y el Teatro... Es que no hay color. En teatro ha aprendido a ponerse en la piel de otro, a colaborar para que salga bien; ha gestionado su timidez, y ahora habla más alto y se defiende mejor. Teatro es igual de importante que las mates.


Y mi hija mayor... bueno.
Mi hija mayor es una mujer increíble. Y perdonad que lo diga yo, que soy su madre. Tiene 14 años en un cerebro de adulto (a veces, no siempre, que adolecer..adolece). Y ha sido una conversación con ella la que me puso la semilla para escribir sobre este tema de las extraescolares.
Laura hace 3º de Secundaria, y es una buena estudiante. Con sus cosas, pero en general, bastante buena. Es delegada de su clase, y es de las guerreras, así que su curso está contento; bueno, los alumnos, los profesores no lo tengo tan claro. El caso es que tiene muchas inquietudes, sobre todo musicales. Pero esas las trabaja en casa, tiene esa suerte. Pero tiene otra, que es el aprendizaje de idiomas. Es muy buena en ello.
Este año nos pidió matricularse en la Escuela Oficial de Idiomas para estudiar Italiano. Empezó con muchas ganas, pero apenas ha podido asistir a la mitad de las clases. Sus deberes se lo impiden.
Hace dos días, nos dijo que no podía entender por qué el sistema se empeña en que para los niños y jóvenes EL ESTUDIO SE CONVIERTA EN TODA SU VIDA. En el Instituto se pasa 6 horas al día, pero a casa llega con deberes y estudio para otras 3 horas diarias. El Instituto fagocita su vida y la impide buscar otros intereses y explotar otras aptitudes y talentos.


Y para eso, señores, sirven las extraescolares.
Los niños necesitan saber para qué sirven, y cómo hacer aquello que realmente les interesa. Necesitan tiempo para explorar conocimientos no reglados, o reglar conocimientos que descubrieron en ese tiempo. Los niños y los jóvenes necesitan aprender arte, música, idiomas. Tener acceso real a aquello que les interesa. Pero lo que les interesa a ellos, no a nosotros. Porque tienen que explorar-se. Y si de repente les interesan mil cosas, estamos nosotros para encontrarle un sentido y ayudarles a decidir cuál de esas cosas le interesa más. Pero sin condiciones. Sin "si no estudias te borro de guitarra". Porque a lo mejor ese niño es el próximo Brian May, si le dejas. Y que luego vuelvan a casa y sigan teniendo tiempo para aburrirse, inventarse historias o encontrar intereses nuevos en los libros de las estanterías.


Hace más de 20 años, los padres de mi marido le dijeron que sí, que la música molaba mucho, pero que estudiase una carrera, que eso era lo importante. Ahora toda la familia vive de su amor por la música y no de su título universitario.
Quiero decir que los conocimientos reglados son importantes, sin duda; pero no sabes por dónde te va a llevar la vida; a lo mejor tienes suerte y terminas viviendo de tu pasión, si es que tu infancia te ha dejado tiempo para encontrarla.